sábado, 15 de mayo de 2010

¿Cómo interpretar el Tercer Secreto de Fátima?


¿Cómo debemos entender la visión, qué hay que pensar de la misma?
Autor: Joseph Card. Ratzinger | Fuente: www.vatican.va


 

Quien lee con atención el texto del llamado tercer "secreto" de Fátima, que tras largo tiempo, por voluntad del Santo Padre, viene publicado aquí en su integridad, tal vez quedará desilusionado o asombrado después de todas las especulaciones que se han hecho. No se revela ningún gran misterio; no se ha corrido el velo del futuro. Vemos a la Iglesia de los mártires del siglo apenas transcurrido representada mediante una escena descrita con un lenguaje simbólico difícil de descifrar. ¿Es esto lo que quería comunicar la Madre del Señor a la cristiandad, a la humanidad en un tiempo de grandes problemas y angustias? ¿Nos es de ayuda al inicio del nuevo milenio? O más bien ¿son solamente proyecciones del mundo interior de unos niños crecidos en un ambiente de profunda piedad, pero que a la vez estaban turbados por las tragedias que amenazaban su tiempo? ¿Cómo debemos entender la visión, qué hay que pensar de la misma?


Revelación pública y revelaciones privadas - su lugar teológico

Antes de iniciar un intento de interpretación, cuyas líneas esenciales se pueden encontrar en la comunicación que el Cardenal Sodano pronunció el 13 de mayo de este año al final de la celebración eucarística presidida por el Santo Padre en Fátima, es necesario hacer algunas aclaraciones de fondo sobre el modo en que, según la doctrina de la Iglesia, deben ser comprendidos dentro de la vida de fe fenómenos como el de Fátima. La doctrina de la Iglesia distingue entre la «revelación pública» y las «revelaciones privadas». Entre estas dos realidades hay una diferencia, no sólo de grado, sino de esencia.

El término «revelación pública» designa la acción reveladora de Dios destinada a toda la humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama «revelación» porque en ella Dios se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse él mismo hombre, para atraer a sí y para reunir en sí a todo el mundo por medio del Hijo encarnado, Jesucristo. No se trata, pues, de comunicaciones intelectuales, sino de un proceso vital, en el cual Dios se acerca al hombre; naturalmente en este proceso se manifiestan también contenidos que tienen que ver con la inteligencia y con la comprensión del misterio de Dios. El proceso atañe al hombre total y, por tanto, también a la razón, aunque no sólo a ella. Puesto que Dios es uno solo, también es única la historia que él comparte con la humanidad; vale para todos los tiempos y encuentra su cumplimiento con la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. En Cristo Dios ha dicho todo, es decir, se ha manifestado así mismo y, por lo tanto, la revelación ha concluido con la realización del misterio de Cristo que ha encontrado su expresión en el Nuevo Testamento.

El Catecismo de la Iglesia Católica, para explicar este carácter definitivo y completo de la revelación, cita un texto de San Juan de la Cruz: «Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra...; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino que haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer cosa otra alguna o novedad» (n. 65, Subida al Monte Carmelo, 2, 22).

El hecho de que la única revelación de Dios dirigida a todos los pueblos se haya concluido con Cristo y en el testimonio sobre Él recogido en los libros del Nuevo Testamento, vincula a la Iglesia con el acontecimiento único de la historia sagrada y de la palabra de la Biblia, que garantiza e interpreta este acontecimiento, pero no significa que la Iglesia ahora sólo pueda mirar al pasado y esté así condenada a una estéril repetición. El Catecismo de la Iglesia Católica dice a este respecto: «Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos» (n. 66). Estos dos aspectos, el vínculo con el carácter único del acontecimiento y el progreso en su comprensión, están muy bien ilustrados en los discursos de despedida del Señor, cuando antes de partir les dice a los discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta... Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros» (Jn 16, 12-14). Por una parte el Espíritu, que hace de guía y abre así las puertas a un conocimiento, del cual antes faltaba el presupuesto que permitiera acogerlo; es ésta la amplitud y la profundidad nunca alcanzada de la fe cristiana. Por otra parte, este guiar es un «tomar» del tesoro de Jesucristo mismo, cuya profundidad inagotable se manifiesta en esta conducción por parte del Espíritu.

A este respecto el Catecismo cita una palabra densa del Papa Gregorio Magno: «la comprensión de las palabras divinas crece con su reiterada lectura» (Catecismo de la Iglesia Católica, 94; Gregorio, In Ez 1, 7, 8). El Concilio Vaticano II señala tres maneras esenciales en que se realiza la guía del Espíritu Santo en la Iglesia y, en consecuencia, el «crecimiento de la Palabra»: éste se lleva a cabo a través de la meditación y del estudio por parte de los fieles, por medio del conocimiento profundo, que deriva de la experiencia espiritual y por medio de la predicación de «los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad» (Dei Verbum, 8).

En este contexto es posible entender correctamente el concepto de «revelación privada», que se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima. Escuchemos aún a este respecto antes de nada el Catecismo de la Iglesia Católica: «A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia... Su función no es la de... "completar" la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia» (n. 67). Se deben aclarar dos cosas:

1. La autoridad de las revelaciones privadas es esencialmente diversa de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en efecto, en ella, a través de palabras humanas y de la mediación de la comunidad viviente de la Iglesia, Dios mismo nos habla. La fe en Dios y en su Palabra se distingue de cualquier otra fe, confianza u opinión humana. La certeza de que Dios habla me da la seguridad de que encuentro la verdad misma y, de ese modo, una certeza que no puede darse en ninguna otra forma humana de conocimiento. Es la certeza sobre la cual edifico mi vida y a la cual me confío al morir.

2. La revelación privada es una ayuda para la fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque remite a la única revelación pública. El Cardenal Próspero Lambertini, futuro Papa Benedicto XIV, dice al respecto en su clásico tratado, que después llegó a ser normativo para las beatificaciones y canonizaciones: «No se debe un asentimiento de fe católica a revelaciones aprobadas en tal modo; no es ni tan siquiera posible. Estas revelaciones exigen más bien un asentimiento de fe humana, según las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles». El teólogo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de esta materia, afirma sintéticamente que la aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos: el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo publico, y los fieles están autorizados a darle en forma prudente su adhesión (E. Dhanis, Sguardo su Fatima e bilancio di una discussione, en: La Civiltà Cattolica 104, 1953, II. 392-406, en particular 397). Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por eso no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma.


El criterio de verdad y de valor de una revelación privada es, pues, su orientación a Cristo mismo. Cuando ella nos aleja de Él, cuando se hace autónoma o, más aún, cuando se hace pasar como otro y mejor designio de salvación, más importante que el Evangelio, entonces no viene ciertamente del Espíritu Santo, que nos guía hacia el interior del Evangelio y no fuera del mismo. Esto no excluye que dicha revelación privada acentúe nuevos aspectos, suscite nuevas formas de piedad o profundice y extienda las antiguas. Pero, en cualquier caso, en todo esto debe tratarse de un apoyo para la fe, la esperanza y la caridad, que son el camino permanente de salvación para todos.

Podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús. Desde un cierto punto de vista, en la relación entre liturgia y piedad popular se refleja la relación entre Revelación y revelaciones privadas: la liturgia es el criterio, la forma vital de la Iglesia en su conjunto, alimentada directamente por el Evangelio. La religiosidad popular significa que la fe está arraigada en el corazón de todos los pueblos, de modo que se introduce en la esfera de lo cotidiano. La religiosidad popular es la primera y fundamental forma de «inculturación» de la fe, que debe dejarse orientar y guiar continuamente por las indicaciones de la liturgia, pero que a su vez fecunda la fe a partir del corazón.

Hemos pasado así de las precisiones más bien negativas, que eran necesarias antes de nada, a la determinación positiva de las revelaciones privadas: ¿cómo se pueden clasificar de modo correcto a partir de la Sagrada Escritura? ¿Cuál es su categoría teológica? La carta más antigua de San Pablo que nos ha sido conservada, tal vez el escrito más antiguo del Nuevo Testamento, la Primera Carta a los Tesalonicenses, me parece que ofrece una indicación. El Apóstol dice en ella: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinad cada cosa y quedaos con lo que es bueno» (5, 19-21). En todas las épocas se le ha dado a la Iglesia el carisma de la profecía, que debe ser examinado, pero que tampoco puede ser despreciado. A este respecto, es necesario tener presente que la profecía en el sentido de la Biblia no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto camino hacia el futuro.

El que predice el futuro se encuentra con la curiosidad de la razón, que desea apartar el velo del porvenir; el profeta ayuda a la ceguera de la voluntad y del pensamiento y aclara la voluntad de Dios como exigencia e indicación para el presente. La importancia de la predicción del futuro en este caso es secundaria. Lo esencial es la actualización de la única revelación, que me afecta profundamente: la palabra profética es advertencia o también consuelo o las dos cosas a la vez. En este sentido, se puede relacionar el carisma de la profecía con la categoría de los «signos de los tiempos», que ha sido subrayada por el Vaticano II: «...sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? » (Lc 12, 56). En esta parábola de Jesús por « signos de los tiempos» debe entenderse su propio camino, el mismo Jesús. Interpretar los signos de los tiempos a la luz de la fe significa reconocer la presencia de Cristo en todos los tiempos. En las revelaciones privadas reconocidas por la Iglesia -y por tanto también en Fátima- se trata de esto: ayudarnos a comprender los signos de los tiempos y a encontrar la justa respuesta desde la fe ante ellos.


La estructura antropológica de las revelaciones privadas

Una vez que con las precedentes reflexiones hemos tratado de determinar el lugar teológico de las revelaciones privadas, antes de ocuparnos de una interpretación del mensaje de Fátima, debemos aún intentar aclarar brevemente un poco su carácter antropológico (psicológico). La antropología teológica distingue en este ámbito tres formas de percepción o «visión»: la visión con los sentidos, es decir la percepción externa corpórea, la percepción interior y la visión espiritual (visio sensibilis - imaginativa - intellectualis). Está claro que en las visiones de Lourdes, Fátima, etc. no se trata de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las figuras, que se ven, no se hallan exteriormente en el espacio, como se encuentran un árbol o una casa. Esto es absolutamente evidente, por ejemplo, por lo que se refiere a la visión del infierno (descrita en la primera parte del «secreto» de Fátima) o también la visión descrita en la tercera parte del «secreto», pero puede demostrarse con mucha facilidad también en las otras visiones, sobre todo porque no todos los presentes las veían, sino de hecho sólo los «videntes». Del mismo modo es obvio que no se trata de una «visión» intelectual, sin imágenes, como se da en otros grados de la mística. Aquí se trata de la categoría intermedia, la percepción interior, que ciertamente tiene en el vidente la fuerza de una presencia que, para él, equivale a la manifestación externa sensible.

Ver interiormente no significa que se trate de fantasía, como si fuera sólo una expresión de la imaginación subjetiva. Más bien significa que el alma viene acariciada por algo real, aunque suprasensible, y es capaz de ver lo no sensible, lo no visible por los sentidos, una especie de visión con los «sentidos internos». Se trata de verdaderos «objetos», que tocan el alma, aunque no pertenezcan a nuestro habitual mundo sensible. Para esto se exige una vigilancia interior del corazón que generalmente no se tiene a causa de la fuerte presión de las realidades externas y de las imágenes y pensamientos que llenan el alma. La persona es transportada más allá de la pura exterioridad y otras dimensiones más profundas de la realidad la tocan, se le hacen visibles. Tal vez por eso se puede comprender por qué los niños son los destinatarios preferidos de tales apariciones: el alma está aún poco alterada y su capacidad interior de percepción está aún poco deteriorada. «De la boca de los niños y de los lactantes has recibido la alabanza», responde Jesús con una frase del Salmo 8 (v.3) a la crítica de los Sumos Sacerdotes y de los ancianos, que encuentran inoportuno el grito de «hosanna» de los niños (Mt 21, 16).

La «visión interior» no es una fantasía, sino una propia y verdadera manera de verificar, como hemos dicho. Pero conlleva también limitaciones. Ya en la visión exterior está siempre involucrado el factor subjetivo; no vemos el objeto puro, sino que llega a nosotros a través del filtro de nuestros sentidos, que deben llevar a cabo un proceso de traducción. Esto es aún más evidente en la visión interior, sobre todo cuando se trata de realidades que sobrepasan en sí mismas nuestro horizonte. El sujeto, el vidente, está involucrado de un modo aún más íntimo. Él ve con sus concretas posibilidades, con las modalidades de representación y de conocimiento que le son accesibles. En la visión interior se trata, de manera más amplia que en la exterior, de un proceso de traducción, de modo que el sujeto es esencialmente copartícipe en la formación como imagen de lo que aparece. La imagen puede llegar solamente según sus medidas y sus posibilidades. Tales visiones nunca son simples «fotografías» del más allá, sino que llevan en sí también las posibilidades y los límites del sujeto perceptor.

Esto se puede comprender en todas las grandes visiones de los santos; naturalmente, vale también para las visiones de los niños de Fátima. Las imágenes que ellos describen no son en absoluto simples expresiones de su fantasía, sino fruto de una real percepción de origen superior e interior, pero no son imaginaciones como si por un momento se quitara el velo del más allá y el cielo apareciese en su esencia pura, tal como nosotros esperamos verlo un día en la definitiva unión con Dios. Más bien las imágenes son, por decirlo así, una síntesis del impulso proveniente de lo Alto y de las posibilidades de que dispone para ello el sujeto que percibe, esto es, los niños. Por este motivo, el lenguaje imaginativo de estas visiones es un lenguaje simbólico. El Cardenal Sodano dice al respecto: «... no se describen en sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetizan y condensan sobre un mismo fondo, hechos que se extienden en el tiempo según una sucesión y con una duración no precisadas». Esta concentración de tiempos y espacios en una única imagen es típica de tales visiones que, por lo demás, pueden ser descifradas sólo a posteriori. A este respecto, no todo elemento visivo debe tener un concreto sentido histórico. Lo que cuenta es la visión como conjunto, y a partir del conjunto de imágenes deben ser comprendidos los aspectos particulares. Lo que es central en una imagen se desvela en último término a partir del centro de la «profecía» cristiana en absoluto: el centro está allí donde la visión se convierte en llamada y guía hacia la voluntad de Dios.


Un intento de interpretación del secreto de Fátima

La primera y segunda parte del secreto de Fátima han sido ya discutidas tan ampliamente por la literatura especializada que ya no hay que ilustrarlas más. Quisiera sólo llamar la atención brevemente sobre el punto más significativo. Los niños han experimentado durante un instante terrible una visión del infierno. Han visto la caída de las «almas de los pobres pecadores». Y se les dice por qué se les ha hecho pasar por ese momento: para «salvarlas», para mostrar un camino de salvación. Viene así a la mente la frase de la Primera Carta de Pedro: «meta de vuestra fe es la salvación de las almas» (1,9). Para este objetivo se indica como camino -de un modo sorprendente para personas provenientes del ámbito cultural anglosajón y alemán- la devoción al Corazón Inmaculado de María. Para entender esto puede ser suficiente aquí una breve indicación. «Corazón» significa en el lenguaje de la Biblia el centro de la existencia humana, la confluencia de razón, voluntad, temperamento y sensibilidad, en la cual la persona encuentra su unidad y su orientación interior. El «corazón inmaculado» es, según Mt 5,8, un corazón que a partir de Dios ha alcanzado una perfecta unidad interior y, por lo tanto, «ve a Dios». La «devoción» al Corazón Inmaculado de María es, pues, un acercarse a esta actitud del corazón, en la cual el «fiat» -hágase tu voluntad- se convierte en el centro animador de toda la existencia. Si alguno objetara que no debemos interponer un ser humano entre nosotros y Cristo, se le debería recordar que Pablo no tiene reparo en decir a sus comunidades: imitadme (1 Co 4, 16; Flp 3,17; 1 Ts 1,6; 2 Ts 3,7.9). En el Apóstol pueden constatar concretamente lo que significa seguir a Cristo. ¿De quién podremos nosotros aprender mejor en cualquier tiempo si no de la Madre del Señor?

Llegamos así, finalmente, a la tercera parte del «secreto» de Fátima publicado íntegramente aquí por primera vez. Como se desprende de la documentación precedente, la interpretación que el Cardenal Sodano ha dado en su texto del 13 de mayo, había sido presentada anteriormente a Sor Lucia en persona. A este respecto, Sor Lucia ha observado en primer lugar que a ella misma se le dio la visión, no su interpretación. La interpretación, decía, no es competencia del vidente, sino de la Iglesia. Ella, sin embargo, después de la lectura del texto, ha dicho que esta interpretación correspondía a lo que ella había experimentado y que, por su parte, reconocía dicha interpretación como correcta. En lo que sigue, pues, se podrá sólo intentar dar un fundamento más profundo a dicha interpretación a partir de los criterios hasta ahora desarrollados.

Como palabra clave de la primera y de la segunda parte del «secreto» hemos descubierto la de «salvar las almas», así como la palabra clave de este «secreto» es el triple grito: «¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!». Viene a la mente el comienzo del Evangelio: «paenitemini et credite evangelio» (Mc 1,15). Comprender los signos de los tiempos significa comprender la urgencia de la penitencia, de la conversión y de la fe. Esta es la respuesta adecuada al momento histórico, que se caracteriza por grandes peligros y que serán descritos en las imágenes sucesivas. Me permito insertar aquí un recuerdo personal: en una conversación conmigo Sor Lucia me dijo que le resultaba cada vez más claro que el objetivo de todas las apariciones era el de hacer crecer siempre más en la fe, en la esperanza y en la caridad. Todo el resto era sólo para conducir a esto.

Examinemos ahora más de cerca cada imagen. El ángel con la espada de fuego a la derecha de la Madre de Dios recuerda imágenes análogas en el Apocalipsis. Representa la amenaza del juicio que incumbe sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo podría ser reducido a cenizas en un mar de llamas, hoy no es considerada absolutamente pura fantasía: el hombre mismo ha preparado con sus inventos la espada de fuego. La visión muestra después la fuerza que se opone al poder de destrucción: el esplendor de la Madre de Dios, y proveniente siempre de él, la llamada a la penitencia. De ese modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no está determinado de un modo inmutable, y la imagen que los niños vieron, no es una película anticipada del futuro, de la cual nada podría cambiarse. Toda la visión tiene lugar en realidad sólo para llamar la atención sobre la libertad y para dirigirla en una dirección positiva. El sentido de la visión no es el de mostrar una película sobre el futuro ya fijado de forma irremediable. Su sentido es exactamente el contrario, el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien. Por eso están totalmente fuera de lugar las explicaciones fatalísticas del «secreto» que, por ejemplo, dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 habría sido en definitiva un instrumento del plan divino guiado por la Providencia y que, por tanto, no habría actuado libremente, así como otras ideas semejantes que circulan. La visión habla más bien de los peligros y del camino para salvarse de los mismos.

Las siguientes frases del texto muestran una vez más muy claramente el carácter simbólico de la visión: Dios permanece el inconmensurable y la luz que supera todas nuestras visiones. Las personas humanas aparecen como en un espejo. Debemos tener siempre presente esta limitación interna de la visión, cuyos confines están aquí indicados visivamente. El futuro se muestra sólo «como en un espejo de manera confusa» (cf. 1 Co 13,12). Tomemos ahora en consideración cada una de las imágenes que siguen en el texto del «secreto». El lugar de la acción aparece descrito con tres símbolos: una montaña escarpada, una grande ciudad medio en ruinas y, finalmente, una gran cruz de troncos rústicos. Montaña y ciudad simbolizan el lugar de la historia humana: la historia como costosa subida hacia lo alto, la historia como lugar de la humana creatividad y de la convivencia, pero al mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las cuales el hombre destruye la obra de su propio trabajo. La ciudad puede ser el lugar de comunión y de progreso, pero también el lugar del peligro y de la amenaza más extrema. Sobre la montaña está la cruz, meta y punto de orientación de la historia. En la cruz la destrucción se transforma en salvación; se levanta como signo de la miseria de la historia y como promesa para la misma.

Aparecen después aquí personas humanas: el Obispo vestido de blanco («hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre»), otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y, finalmente, hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece que precede a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo rodean. No sólo las casas de la ciudad están medio en ruinas, sino que su camino pasa en medio de los cuerpos de los muertos. El camino de la Iglesia se describe así como un viacrucis, como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. Se puede ver representada en esta imagen la historia de todo un siglo. Del mismo modo que los lugares de la tierra están sintéticamente representados en las dos imágenes de la montaña y de la ciudad y están orientados hacia la cruz, también los tiempos son presentados de forma compacta. En la visión podemos reconocer el siglo pasado como siglo de los mártires, como siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el «espejo» de esta visión vemos pasar a los testigos de la fe de decenios. A este respecto, parece oportuno mencionar una frase de la carta que Sor Lucia escribió al Santo Padre el 12 de mayo de 1982: «la tercera parte del "secreto" se refiere a las palabras de Nuestra Señora: "Si no (Rusia) diseminará sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán destruidas"».

En el viacrucis de este siglo, la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso subir a la montaña podemos encontrar indicados con seguridad juntos diversos Papas, que empezando por Pío X hasta el Papa actual han compartido los sufrimientos de este siglo y se han esforzado por avanzar entre ellas por el camino que lleva a la cruz. En la visión también el Papa es matado en el camino de los mártires. ¿No podía el Santo Padre, cuando después del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte del «secreto», reconocer en él su propio destino? Había estado muy cerca de las puertas de la muerte y él mismo explicó el haberse salvado, con las siguientes palabras: «...fue una mano materna a guiar la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se paró en el umbral de la muerte» (13 de mayo de 1994). Que una «mano materna» haya desviado la bala mortal muestra sólo una vez más que no existe un destino inmutable, que la fe y la oración son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oración es más fuerte que las balas, la fe más potente que las divisiones.

La conclusión del «secreto» recuerda imágenes que Lucía puede haber visto en libros de piedad y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de fe. Es una visión consoladora, que quiere hacer maleable por el poder salvador de Dios una historia de sangre y lágrimas. Los ángeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los mártires y riegan con ella las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo y la sangre de los mártires están aquí consideradas juntas: la sangre de los mártires fluye de los brazos de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de manera solidaria con la pasión de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella. Ellos completan en favor del Cuerpo de Cristo lo que aún falta a sus sufrimientos (cf. Col 1,24). Su vida se ha convertido en Eucaristía, inserta en el misterio del grano de trigo que muere y se hace fecundo. La sangre de los mártires es semilla de cristianos, ha dicho Tertuliano. Así como de la muerte de Cristo, de su costado abierto, ha nacido la Iglesia, así la muerte de los testigos es fecunda para la vida futura de la Iglesia. La visión de la tercera parte del «secreto», tan angustiosa en su comienzo, se concluye pues con un imagen de esperanza: ningún sufrimiento es vano y, precisamente, una Iglesia sufriente, una Iglesia de mártires, se convierte en señal orientadora para la búsqueda de Dios por parte del hombre. En las manos amorosas de Dios no han sido acogidos únicamente los que sufren como Lázaro, que encontró el gran consuelo y representa misteriosamente a Cristo que quiso ser para nosotros el pobre Lázaro; hay algo más, del sufrimiento de los testigos deriva una fuerza de purificación y de renovación, porque es actualización del sufrimiento mismo de Cristo y transmite en el presente su eficacia salvífica.

Hemos llegado así a una última pregunta: ¿Qué significa en su conjunto (en sus tres partes) el «secreto» de Fátima? ¿Qué nos dice a nosotros? Ante todo, debemos afirmar con el Cardenal Sodano: «...los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del «secreto» de Fátima, parecen pertenecer ya al pasado». En la medida en que se refiere a acontecimientos concretos, ya pertenecen al pasado. Quien había esperado en impresionantes revelaciones apocalípticas sobre el fin del mundo o sobre el curso futuro de la historia debe quedar desilusionado. Fátima no nos ofrece este tipo de satisfacción de nuestra curiosidad, del mismo modo que la fe cristiana por lo demás no quiere y no puede ser un mero alimento para nuestra curiosidad. Lo que queda de válido lo hemos visto de inmediato al inicio de nuestras reflexiones sobre el texto del «secreto»: la exhortación a la oración como camino para la «salvación de las almas» y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversión.

Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del «secreto», que con razón se ha hecho famosa: «mi Corazón Inmaculado triunfará». ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este «sí» Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: «padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa.


Joseph Card. Ratzinger

Prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe

viernes, 14 de mayo de 2010

Una belleza que es Para Siempre

lunes 10 de mayo de 2010

Esta historia no necesita presentación. Disfrútenla que la vida es para eso, para ser feliz y para descubrir que la maternidad es una belleza que es para siempre.

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Mi nombre es Alejandra Uriarte, tengo 22 años soy de Bogotá Colombia y esto es un poco de mi experiencia que quiero compartir con ustedes.

Mi vida nunca fue fácil o por lo menos nunca me la hice fácil, termine el bachillerato en un instituto de validación después de pasar por muy buenos colegios de los cuales la mayoría fui expulsada el estudio nunca era una prioridad para mi, lo que si eran prioridad eran mis amigos, las fiestas, estar en la calle, hasta fumar era mas importante para mi, me encantaba mi vida no me podía quejar era lo que yo había buscado, entré a la universidad en el 2007 a estudiar ecología una carrera que me apasionaba, los primeros 2 semestres me fue muy bien, ya en 3 semestre comencé a emperezarme a cuestionar si era eso en realidad lo que me gustaba o no, pasé a 4 semestre y ahí fue donde mi vida cambió, ya no interesaba estudiar solo quería k fuera viernes para salir me dediqué a conocer gente a salir a estar en la calle todo el tiempo algunos días iba a la universidad pero no ponía ni atención a clases, ni nada, a finales del año conocí a alguien que para ese entonces me parecía el hombre más cool del momento, con el salía, rumbeaba, conocía gente, me quedaba en la casa de él a dormir, ya que vivía solo que mas podía pedir yo en mi ignorante mundo.

A finales de octubre decido dejar la universidad, con eso ya tenía tiempo libre para hacer nada, dormir hasta tarde, etc.

En febrero del 2009 entro a trabajar a una cadena de comida rápida porque me empecé a aburrir de estar en casa todo el día sin plata para salir ni nada, así que empecé a trabajar, mi relación con mi "novio" iba mal ya que mi tiempo era reducido para estar con él.

Me di cuenta de que lo único que me hacía falta era vivir sola, tener mi independencia en mi juego mental era el paso que me hacía falta para que mi vida fuera perfecta sin horarios, sin papas diciendo que hacer, eso era vida creía yo.

El día que me paso a mi apartamento ese día donde mi felicidad completa iba a comenzar me doy cuenta que estoy embarazada.

Que, pensé yo embarazada yo no nunca, yo con un bebe no, ni loca, Ósea yo, eso solo pasa en las novelas, fue un golpe duro para mi, pues mi vida era perfecta para una post adolescente iba a quedar en el olvido por ser mama,

Con resignación y buscando una solución a esto. Me veo con mi " novio". Le cuento lo que está pasando y él me dice- que él no está para criar peladitos y que sí ni es capaz de cuidarse el cómo va a cuidar a alguien más, me dice que hay 3 opciones y que yo al fin de cuentas soy la que decido, me dice que una de ellas es tenerlo y pues que el ayuda con algo de plata pero que igual él no lo vá a conocer ni nada, que solamente me consignara plata y ya. La otra la adopción a la cual me dice – lógico que tu no haras eso no- y después me dice y lo más sensato es el aborto, en mi cabeza pensé SENSATO para quien, para él? Para mí? Sensato? Matar a alguien es algo sensato? Como voy a sacar la basura por qué es lo más sensato?.

No dije nada y llorando me fui diciéndole que le daría una respuesta en esa semana, con el alma hecha un nudo; pensé que el tal vez me apoyaría pensé que tal vez con el apoyo de él iba a ser más fácil pero me di cuenta de que el no iba a estar ahí al lado mío y que la decisión final iba a ser solo mía y para mí. En mi vida NUNCA me imaginé ser madre y mucho menos ser madre cabeza de familia; eso eran dos cosas que en mi raciocinio no cabía. Cuando a mi me preguntaban y si llegaras a quedar embaraza que haría mi respuesta siempre fue- a pues lógico aborto- eso yo lo tenía claro el aborto era la mejor opción. Pero cuando uno está viviendo eso que jamás pensó que fuera a pasar. Ya el aborto no se ve tan claro como antes, yo no es esa salida lógica que siempre me había planteado.

Toda la semana estuve pensando en lo más sensato, pensado que quien era yo para hacer algo así, pensado que tal vez yo podía morir en el intento pero también pensaba bueno no tengo trabajo ya que había renunciado por los turnos largos el estar de pie 8 o 10 horas y además el olor característico del lugar me provocaba las conocidas náuseas y yo pensaba sin trabajo ni eps ni nada como voy a hacer. Además, no lo niego, siempre fue orgullosa de mi cuerpo, y no me imaginaba yo con barriga después de tener un abdomen increíble de tener una cintura de 60 cm de adorar mi cuerpo: había muchas cosas de por medio que me hacían no saber qué hacer. Siempre fui una mujer que me mostré fuerte que me mostré valiente que mostré que casi ni sentimientos tenia, pero matar a alguien y no solo a alguien a mi hijo eso ya era algo que ya no cabía en mi.

A las 2 semanas lo llamo y le digo que no voy a abortar, el me dice "Ale veámonos y hablamos claramente". Me vi con él y me dice- mira si abortas podemos seguir como éramos antes aparte; me dice que tiene que viajar a Miami por problemas de seguridad y que por ello el no volverá a Colombia en mucho tiempo pues toda su familia se ira del país. Después de darme esta devastadora notica, me dice entonces aborta y nos vamos los dos a Miami te imaginas sol, playa, mar, rumbas y no te preocupes por plata que, yo cubro todo los gastos allá

Yo solo pensaba que descaro está poniendo precio a si hijo está comprando la muerte de él.

Le dije que no, que yo no iba a ser eso y indignada por tal propuesta me fui decidida a tener a mi hijo.

Yo no iba a ser una de las muchas mujeres que piensa que esa es la solución sensata a esto, no ya lo hecho hecho esta y ese bebé no tiene la culpa de las malas decisiones de sus padres, si me iba a tocar sola, pues sola lo haría: no era la primera ni la última mujer en el mundo con un hijo sola, y demás yo sabía que la vida misma me ayudaría a salir adelante.

Después de casi un mes me llama este hombre el papá de mi hijo y me dice: mira lo pensé muy bien y tú estás loca ese hijo mínimo no es mío y me lo quieres meter, pero no soy bobo y como contigo no se puede hablar de ahora en adelante todo lo que tengas que hablar conmigo lo harás con mi abogada y cuando nazca se le hará la prueba de ADN y si es mío yo te daré plata y nada más.

Bueno ahora está más claro que ya me tocaría a mí sola todo mi embarazo. Para ese entonces mi familia no tenía la menor idea de que me sucedía yo tenía ya unos 4 meses y solo muy poca gente allegada a mi lo sabía, yo sin plata, sin que comer a medias comía lo que un compañero de apartamento me daba. Preocupada por la salud de mi hijo de 4 meses de gestación y no me había visto un doctor.

Un día fue mi hermano a saludarme y yo entre ya tanto desespero por no saber qué hacer, necesitaba escuchar una voz familiar que me guiara un poco o al menos que me apoyara, y le conté lo que me pasaba, el dijo que le contaría a mi mama esa noche y que me llamaría para ver ella que había dicho.

El me llama a eso de las 10 de la noche y me dice mi mamá no quiere saber nada de usted, ella no va a hacerse cargo de nada que esa es su responsabilidad, eso me devastó me rompió el corazón en mil pedazos; yo pensaba, ¿y ahora que será de mi que haré ? días antes había averiguado que hay fundaciones de apoyo a madres de escasos recursos, y ya había pensado que si no me apoyaba mi familia me internaría en una fundación de estas.

El siguiente día me llama mi mamá y yo con ese dolor en mi alma hable con ella y ella me dice que habláramos.

Después de ello, volví a mi casa con el apoyo de mi familia, entre a trabajar a una peluquería de la familia donde trabajaba 2 días de ayudante y con eso me pagaba la EPS y otras gastos míos.

Hoy en día Samuel mi hijo, ese bebé tiene 4 meses. Es el bebe más hermoso que he visto, es la alegría de mi vida, el solo hecho de pensar en él hace que mi corazón salte, al verlo veo la perfección de DIOS reflejada en él; hoy en día no me imagino mi vida sin él, y menos me imagino el no haberlo conocido por el egoísmo de creer que toda la vida iba a ser joven y que la belleza la tendría para siempre.

Ahora nunca estaré sola y tendré a ese ser único que me ama sin condiciones.

Publicado por Saulo Medina en 3:16:00 PM
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lunes, 10 de mayo de 2010

LOS ORÍGENES DE LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN

 

La Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios desde los albores del cristianismo.

  

   

  

"Los primeros cristianos, a los que hemos de acudir siempre como modelo, dieron un culto amoroso a la Virgen. En las pinturas de los tres primeros siglos del Cristianismo, que se conservan en las catacumbas romanas, se la contempla representada con el Niño Dios en brazos. ¡Nunca les imitaremos bastante en esta devoción a la Santísima Virgen!"
(San Josemaría Escrivá)

 
 

   

Con ocasión del mes de Mayo hablamos sobre los orígenes de la devoción mariana en los primeros cristianos.


 "DESDE AHORA TODAS LAS GENERACIONES ME LLAMARÁN BIENAVENTURADA" (Lc 1, 48)

Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes, la Virgen
María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y Madre nuestra
desde los albores del cristianismo.

  

  

  

Primera representación de la Virgen María (Catacumbas de Santa Priscila)

En los tres primeros siglos la veneración a María está incluida fundamentalmente dentro del culto a su Hijo.

Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano refiriéndose a María con estas palabras: «Los profetas te anunciaron y los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas».

De estos primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros cristianos tuvieron por María.

Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila: en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación y la Epifanía.

Todas ellas son de finales del siglo
II. En las catacumbas de San Pedro y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos extendidas y orando.

Una magnífica muestra del culto mariano es la oración "Sub tuum praesidium" (Bajo tu amparo nos acogemos)  que se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.

Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe: «¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor!».

La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la « Madre de todas las vírgenes» es claro y rotundo, a la vez, cuando dice que «María es templo de Dios y no es el Dios del templo» , para poner en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a Dios.

Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros, donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de Cristo.

En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta al año
225 y que en las fiestas del Señor -Encarnación, Natividad, Epifanía, etc.- se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada indistintamente «Memoria de la Madre de Dios», «Fiesta de la Santísima Virgen», o «Fiesta de la gloriosa Madre».

 
 

 
 

EL TESTIMONIO DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

  

  

  

Virgen con el niño  

El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen.

Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.

En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María.

En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica.

Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y  constante teología mariana de los Padres.

San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.

En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el gnóstico Marción), afirma que María es Madre de Cristo porque ha sido engendrado en su seno virginal.

En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título. En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum praesidium. que –como hemos dicho anteriormente- es la plegaria mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio.

A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad -San Efrén, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.-, hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más usado a la hora de hablar de Santa María.

La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe en el Concilio de Efeso del año 431.

 
 

  

   

  

"¿Y después de la muerte del Salvador? María es la Reina de los Apóstoles; se encuentra en el Cenáculo y les acompaña en la recepción de Aquél que Cristo había prometido, del Paráclito; les anima en sus dudas, les ayuda a vencer los obstáculos que la flaqueza humana pone en su camino: es guía, luz y aliento de aquellos primeros cristianos".(San Josemaría Escrivá)

 
 

LAS PRERROGATIVAS O PRIVILEGIOS MARIANOS 

La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona de Santa María -excepcionalidad que forma parte de su misterio- y que se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce con el calificativo de "privilegios" marianos.

Se trata de unos "privilegios" que encuentran su razón en la relación maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación, pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal.

Estos privilegios o prerrogativas
marianas no se entienden como algo accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la integridad de la fe.

  

  

  

  

San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende la perpetua
virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías como modelo y auxilio de los cristianos.

En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos —siempre virgen—, que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración dogmática.

Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen. Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones.

Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la Virgen.

Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el Concilio de Efeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va consolidando y se generaliza el título de "toda santa" –panaguía-. En el Akathistos se canta "el Señor te hizo toda santa y gloriosa" (canto 23).

A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas marianas.

Así sucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina. Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más profundizaron en las prerrogativas marianas.

GRANDEZA DE LA IGLESIA CATÓLICA

LUIS Y LOS PROTESTANTES

Mi amigo Luis, portoriqueño, me envía un e-mail. Entre otras cosas solicita : "información para protegerme de los protestantes, porque "se me pasan sacando en cara sucesos de la historia de la Iglesia cada vez que discuto sobre estos temas …me gustaría saber si tiene información sobre: ¿ Por qué los Papas tuvieron que entrar en guerras como Las Cruzada, La Inquisición, La Leyenda Negra antiespañola, etc…? Estoy tratando de entender. Se que fue para proteger a los cristianos, como proteger el paso a Jerusalén y evitar las conquistas de los moros, además de evitar las herejías. ¿ Cuál fue el pensamiento general para esas épocas de hacer las cosa por la fuerza? "Así continua enumerando varias preguntas más.


 

Amigo Luis:

Desde que nacemos hasta que morimos nos vemos obligados a luchar para sobrevivir y prosperar. Puesto que las luchas son inevitables, convendrá conocer los propósitos de los enemigos para defendernos y defender mejor nuestras ideas o negocios. En religión la mejor arma es la formación y el entrenamiento , tan indispensables como en cualquier guerra. Para esa formación respondo , en lo posible, a tus numerosas y amplias preguntas.


 

Contestarlas con rigor requiere un espacio y un tiempo del que carecemos. De todas formas, te daré una primera impresión con palabras sencillas y para personas de una cultura entre mediana y baja, pues las personas de cierto nivel intelectual se supone que están o deben estar enteradas de la historia verdadera.


 

En primer lugar , recuerda que las conversaciones que no contribuyen a que seamos mejores, a amar más a Dios y a nuestros hermanos, no nos llevan más que a enfrentamientos personales y a perder el tiempo. San Pablo en Tm 3, 9-10 nos advierte: "Evita las cuestiones necias, las genealogías y las contiendas y debates sobre la Ley porque son inútiles y vanas. Al sectario, después de una y otra amonestación, evítale" O sea, que antes de entrar en una discusión mira con quién y si merece la pena.


 

¿Por qué los Papas tuvieron que…?


 

Tras el hundimiento del Imperio Romano, la Iglesia tuvo que hacerse cargo de dirigir al mundo cristiano. Era el único grupo organizado fuera del tribal. Al tener que actuar como políticos, no tuvieron más remedio que ejercer como tales con todas las consecuencias.


 

En cuanto a las Cruzadas, fue un movimiento universal del cristianismo contra los árabes, que nos tenían acorralados. En aquella época los árabes crearon el Imperio más grande del mundo, que se extendía desde Portugal hasta la mitad de Asia. Se produjeron guerras ni más ni menos crueles que cualquier otra de su tiempo…o del nuestro


 

En la mentalidad de su época, donde sólo Dios contaba, los que no estaban con Cristo eran nuestros enemigos mortales y debían morir. Los que no estaban con Mahoma eran los enemigos de los árabes y debían morir. Esto mismo ha pasado en las guerras europeas del siglo pasado: fascismo, comunismo y capitalismo han sido otras "religiones" feroces. El comunismo asesinó a más de 100 millones de anticomunistas en sus propios territorios; en Alemania también liquidaron a otros cuantos millones, sólo de judíos murieron unos 2 millones- la cifra de 6 que ha venido dando parece excesiva); y así en todos los tiempo y lugares, unos por unos motivo y otros por otros.


 

¿Cuál era el pensamiento general de la época…?


 

Podríamos decir que hasta hace un siglo no sabían leer y escribir más que los curas y unas pequeñas minorías . El pueblo bastante hacía con poder comer cada día para perder el tiempo en pensar en… el pensamiento general. Los reyes decidían ir o no a una guerra por motivos religiosos, de orgullo, de soberbia, de vanidad, o por simple estupidez; raramente por razones objetivas o sentido común. El "mantenella y no enmendalla" forma parte de la historia de muchos países. Esto de liarse a tiros y bofetadas por un "quítame allá esas pajas" va en nuestros genes. Observe a los niños pequeñitos: en cuanto nos descuidamos están liados a golpes y porrazos. Cuando crecen siguen con la misma tarea. A enmendar o minimizar estos genes vino Cristo.


 

En ningún sitio hay un pensamiento general, y mucho menos en los siglos pasados donde cada pueblo o tribu tenía el suyo. Empieza a haberlo ahora con Internet y la Globalización. El pensamiento general lo inventan los historiadores y los poderosos para justificar sus acciones. Pensamiento general ¿ en qué materia? ¿ en política, en economía, en deportes, en costumbres, en…?


 

¿ Y qué decir sobre los protestantes y la Inquisición española?


 

Guste o no, la única religión cristiana es la que fundó Cristo. Su doctrina está claramente en los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y la tradición, excepto cuando se las modifica arbitrariamente. El mismo Cristo fundó su Iglesia y personalmente designó un solo jefe: Pedro. Los protestantes y las casi 37.000 sectas que andan por ahí metiendo bulla lo saben, y saben que sus respectivas religiones han sido fundadas por un sinnúmero de personajes de todas las clases sociales. Yo he oído a algunos protestantes lamentarse amargamente por no formar una unidad con una sola doctrina y con un sólo jefe, Papa , Patriarca o como se quiera llamar. También nos envidian no tener una madre como nosotros tenemos a María. Además Cristo dijo : Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu Santo, enseñándoles
a observar todo cuanto "yo" os he mandado" Mt 28, 19-20 . Análogamente Lucas nos dice : Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Dijo que "enseñaran" , que "predicaran" no que se    limitaran    a entregar una Biblia a cada persona y que ellos aprendiesen.


 

Las riquezas de la Iglesia tuvieron mucho que ver en la separación de Roma. De ellas se apropiaron reyes y nobles . Por entonces, la religión del rey era forzosamente la religión del pueblo. Lo contrario era delito de traición y castigado con la muerte. Este mito está ampliamente superado y ya hemos escrito extensamente sobre él en otro lugar.


 

Respecto a La Inquisición española está ya más que demostrado que fue un juego de niños comparada con las persecuciones y las muertes que provocaron los protestantes en Inglaterra, Alemania , Francia,…En Inglaterra sólo Enrique VIII en pocos años mató a unos 8.000 católicos, más que España en 300 años. En Alemania durante la guerra de los 30 años murieron más de 100.000 personas. En Francia con el calvinismo fueron sacrificadas varios miles. Así podríamos seguir, y todo por no creer en la misma religión que el rey


 

La Leyenda Negra Española, se basó en los escritos del Padre Las Casas y otros similares. Sirvió de base para aprovechar muy bien una tremenda propaganda política contra España - El Imperio indiscutible de entonces - Los protestantes ingleses, franceses y holandeses la utilizaron como arma para suplantarnos en América, cosa que no consiguieron. Los crímenes que nos adjudicaron sobre los indígenas fueron infinitamente más pequeños que los que ellos cometieron en América del Norte. Unos simples datos: en Norteamérica, con una extensión poco mayor que Hispano-América, quedan unos dos millones de indios; mientras que en el año 2000, en Méjico había 10,4 millones ; en Bolivia, 5,6 millones; en Perú 9 millones….Entonces ¿Quiénes mienten descaradamente?


 

Para completar el fariseísmo de los anteriores personajes, comprobamos que no hablan nunca de los asesinatos en masa, de las deportaciones inhumanas, ni de las muertes directas o indirectas por hambre o explotación a que esas potencias colonizadores han dado lugar en Afrecha, India, Australia, Camboya, Indochina, y algunas más. Tampoco tienen leyenda negra, negrísima, las dos últimas guerras mundiales, ni     las a    actuales hambrunas de África. Y, en ninguno de estos casos intervino España.


 

Resulta paradójico que haya sido la BBC -la televisión pública británica- la encargada de reconstruir la imagen de una institución tan española. como el Santo Oficio de la Inquisición. Y resulta paradójico que sean expertos hispanistas de la talla de Henry Kamen, Stephen Haliczer o los profesores españoles José Álvarez-Junco y Jaime Contreras quienes hayan puesto de manifiesto los tópicos y falsedades que comentamos.


 

En estas actuaciones de los protestantes- mejor dicho: de algunos protestantes- subyace un odio demoníaco y un rencor patológico hacia la Iglesia Católica. Una Iglesia con más de dos mil años de existencia, cuando las numerosas iglesias separadas ninguna llega a los 500 años y otras ni a 50 años o incluso semanas o días. Lo normal sería que en la "feria" de tantas religiones cada una se limitara a exponer sus virtudes y dejara que el pueblo eligiera. Pero nó , para sobresalir, para destacarse, algunos no conocen mas procedimientos que denigrar a los demás. Farisaísmo y mezquindad arropadas muchas veces con la cruz de Cristo.


 

Otra vez, amigo Luis, cuando esos "señores" le provoquen con preguntas -que previamente han preparado para sacarlas a colación- no entres a su juego, míralos con pena y lástima, reza por ellos y corta desde el principio. Puedes responder : ¿Pero hombre, aun seguís creyendo en tales payasadas? ¿Cómo dejáis que os sigan tomando el pelo cuatro analfabetos? ¿Por qué no os enteráis de las barbaridades que han hecho vuestros antepasados?


 

Recordemos que los católicos llevaron la civilización cristiana a toda Hispano América, implantaron universidades uno y dos siglos antes que los anglosajones lo hicieran en el norte, realizaron una labor constructora parecida a la de los romanos en Europa y mezclaron su sangre que la de los nativos; mientras tanto ¿ Dónde estaban los no católicos? Una cosa sabemos: en ninguna de sus colonias florece el cristianismo. ¿Tenemos los católicos que pedirles perdón? Perdón solo lo piden las almas grandes, magnánimas y la Iglesia, los católicos lo ha pedido para sus errores ¿Quién más?

    Mérida, 16 de junio de 2006

    Alejo Fernández Pérez     

Alejo1926@gmail.com

sábado, 1 de mayo de 2010

Quebrada

«Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre»

San Ireneo de Lión
(hacia 130-hacia 208), obispo, teólogo y mártirContra las herejías, IV, 5‬

«Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre»
‪     El esplendor de Dios da vida: los que ven a Dios tendrán parte en la vida. Es por ello que el que es inaccesible, incomprensible e invisible se ofrece a nosotros para ser visto, comprendido y accesible por los hombres; él es para dar vida a aquellos que le captan y le ven. Puesto que, si su grandeza es insondable, su bondad no puede tampoco expresarse, y gracias a ella él se hace ver y da la vida a los que le ven.
     Es imposible vivir sin la Vida; no hay vida si no es participando de Dios; y esta participación de Dios consiste en ver a Dios y gozar de su bondad. Así pues, los hombres verán a Dios para poder vivir... según lo que dice Moisés en el Deuteronomio: «Aquel día veremos, porque Dios hablará al hombre y éste vivirá» (Dt 5,24). Dios es invisible e inexpresable... pero todos los seres conocen a través de su Verbo que no hay más que un solo Dios Padre, que contiene todas las cosas y da la existencia a toda cosa, según lo que dice el Señor: «A Dios nadie le ha visto jamás; el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado» (Jn 1,18).
Pbro. Federico F. Kunz
831 San Miguel Arcángel
El Volcán, San Luis 5701
Argentina
+54 2652 407938
ffkunz@hotmail.com
Skype: Archegos1

viernes, 30 de abril de 2010

«En la casa de mi Padre hay muchas estancias»‪

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), Carmelita descalza, doctor de la Iglesia
Manuscrito autobiográfico A, 2rº-3rº‬

«En la casa de mi Padre hay muchas estancias»
‪

     Durante mucho tiempo me he preguntado por qué tenía Dios preferencias, por qué no recibían todas las almas las gracias en igual medida... Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez... Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas...
     Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos...
     Comprendí también que el amor de Nuestro Señor se revela lo mismo en el alma más sencilla que no opone resistencia alguna a su gracia, que en el alma más sublime. Y es que, siendo propio del amor el abajarse, si todas las almas se parecieran a las de los santos doctores que han iluminado a la Iglesia [3rº] con la luz de su doctrina, parecería que Dios no tendría que abajarse demasiado al venir a sus corazones. Pero él ha creado al niño, que no sabe nada y que sólo deja oír débiles gemidos; y ha creado al pobre salvaje, que sólo tiene para guiarse la ley natural. ¡Y también a sus corazones quiere él descender! Estas son sus flores de los campos, cuya sencillez le fascina...
Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza. Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecilla, como si sólo ella existiese en la tierra, del mismo modo se ocupa también Nuestro Señor de cada alma personalmente, como si no hubiera más que ella.
Pbro. Federico F. Kunz
831 San Miguel Arcángel
El Volcán, San Luis 5701
Argentina
+54 2652 407938
ffkunz@hotmail.com
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