viernes, 5 de febrero de 2010

Devoción de los 7 domingos a San José


 


Rezar despacio, meditando estos dolores y gozos:

 
 

PRIMER DOMINGO

v      El dolor: cuando estaba dispuesto a repudiar a su inmaculada esposa.

v      La alegría: cuando el Arcángel le reveló el sublime misterio de la encarnación.

Oración. ¡ Oh castísimo esposo de María, glorioso San José, ¡qué aflicción y angustia la de vuestro corazón en la perplejidad en que estabais sin saber si debíais abandonar o no a vuestra esposa sin mancilla! Pero ¡cuál no fue también vuestra alegría cuando el ángel os reveló el gran misterio de la Encarnación!

Por este dolor y este gozo os pedimos consoléis nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y de María.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

 
 

 
 

SEGUNDO DOMINGO

v       El dolor: al ver nacer el niño Jesús en la pobreza.

v       La alegría: al escuchar la armonía del coro de los ángeles y observar la gloria de esa noche.

Oración.Oh bienaventurado patriarca, glorioso San José, escogido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre: el dolor que sentisteis viendo nacer al niño Jesús en tan gran pobreza se cambió de pronto en alegría celestial al oír el armonioso concierto de los ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente.

Por este dolor y gozo alcanzadnos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

 
 

 
 

TERCER DOMINGO

v      El dolor: cuando la sangre del niño Salvador fue derramada en su circuncisión.

v      La alegría: dada con el nombre de Jesús.

Oración.Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José: la sangre preciosísima que el Redentor Niño derramó en su circuncisión os traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús que entonces se le impuso, os confortó y llenó de alegría.

Por este dolor y este gozo alcanzadnos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos, con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

 
 

 
 

CUARTO DOMINGO

v      El dolor: la profecía de Simeón, al predecir los sufrimientos de Jesús y María.

v      La alegría: la predicción de la salvación y gloriosa resurrección de innumerables almas.

Oración.Oh Santo fidelísimo, que tuvisteis parte en los misterios de nuestra redención, glorioso San José; aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María os causó dolor mortal, sin embargo os llenó también de alegría, anunciándoos al mismo tiempo la salvación y resurrección gloriosa que de ahí se seguiría para un gran número de almas.

Por este dolor y por este gozo conseguidnos ser del número de los que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la bienaventurada Virgen María, han de resucitar gloriosamente.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

 
 

 
 

QUINTO DOMINGO

v      El dolor: en su afán de educar y servir al Hijo del Altísimo, especialmente en el viaje a Egipto.

v      La alegría: al tener siempre con él a Dios mismo, y viendo la caída de los ídolos de Egipto.

Oración.Oh custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José, ¡cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísim

vuestra huida a Egipto!, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con Vos al mismo Dios y viendo derribados los ídolos de Egipto.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

 
 

 
 

SEXTO DOMINGO

v      El dolor: a regresar a su Nazaret por el miedo a Arquelao.

v      La alegría: al regresar con Jesús de Egipto a Nazaret y la confianza establecida por el Ángel.

Oración.Oh ángel de la tierra, glorioso San José, que pudisteis. admirar al Rey de los cielos, sometido a vuestros más mínimos mandatos; aunque la alegría al traerle de Egipto se turbó por temor a Arquelao, sin embargo, tranquilizado luego por el ángel, vivisteis dichoso en Nazaret con Jesús y María.

Por este dolor y este gozo, alcanzadnos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo temor nocivo, poseer la paz de conciencia, vivir seguros con Jesús y María y morir también asistidos por ellos.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

 
 

 
 

SÉPTIMO DOMINGO

v      El dolor: cuando sin culpa pierde a Jesús, y lo busca con angustia por tres días.

v      La alegría: al encontrarlo en medio de los doctores en el Templo.

Oración.Oh modelo de toda santidad, glorioso San José, que habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús, le buscasteis durante tres días con profundo dolor, hasta que, lleno de gozo, le hallasteis en el templo, en medio de los doctores.

Por este dolor y este gozo, os suplicamos con palabras salidas del corazón, intercedáis en nuestro favor para que jamás nos suceda perder a Jesús por algún pecado grave. Mas, si por desgracia le perdiéramos, haced que le busquemos con tal dolor que no hallemos sosiego hasta encontrarle benigno sobre todo en nuestra muerte, a fin de ir a gozarle en el cielo y cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

Argumentos a favor y en contra del Aborto

Hay muchos argumentos que se han difundido insistentemente, especialmente en aquellos países donde, con cualquier motivo, intentan buscar la legalización del aborto o ampliarlo allí donde ya se ha legalizado alguna de sus formas.

Es inhumano no legalizar el "aborto terapéutico" que debería realizarse cuando el embarazo pone a la mujer en peligro de muerte o de un mal grave y permanente


La Verdad:
En este caso el término "terapéutico" es utilizado con el fin de confundir. "terapia" significa curar y en este caso el aborto no cura nada. Actualmente, la ciencia médica garantiza que prácticamente no hay circunstancias en la cual se deba optar ente la vida de la madre o la del hijo. Ese conflicto pertence a la historia de la obstetricia. Ya en 1951, el Congreso de Cirujanos del American College dijo que "todo el que hace un aborto terapéutico o ignora los métodos modernos para tratar las complicaciones de un embarazo o no quiere tomarse el tiempo para usarlos" . El temido caso de los embarazos "ectópicos" o que progresan fuera del útero materno están siendo manejados médicamente cada vez con mayor facilidad. por otro lado, el código de ética médica señala que en el caso de complicaciones en el embarazo deben hacerse los esfuerzos proporcionados para salvar a madre e hijo y nunca tener como salida la muerte premeditada de uno de ellos.


Es brutal e inhumano permitir que una mujer tenga el hijo producto de una violación, por ello, para estos casos, debería legalizarse el aborto llamado "sentimental".

La Verdad: En primer lugar los embarazos que siguen a una violación son extremadamente raros. En Estados Unidos, por ejemplo, la violación es un serio problema, aproximadamente 78,000 casos fueron reportados en el año 1982. Esta cifra es más importante si se tiene en cuenta, que del 40% al 80% de las violaciones no se denuncian.


En estos casos los embarazos son extraordinariamente raros, por varias causas. Por ejemplo, las disfunciones sexuales en los violadores, cuya tasa es extremadamente alta. En tres estudios se ha constatado que el 39, el 48 y el 54% de las mujeres víctimas del ataque no habían quedado expuestas al esperma durante la violación.


En otro estudio se comprobó que el 51% de los violadores experimentaron disfunciones que no les permitieron terminar el acto sexual. Otra causa por la que son extremadamente raros los embarazos por violación: la total o temporal infertilidad de la víctima. La víctima puede ser naturalmente estéril; puede ser muy joven o muy vieja, puede estar ya embarazada o puede haber otras razones naturales.


El 43% de las víctimas se encontraba en estas categorías. La víctima puede estar tomando anticonceptivos, tener un DIU o ligadura de trompas, el 20% se situaba en esta categoría. Así, sólo una minoría de las víctimas tienen un potencial de fertilidad.Además de la infertilidad natural, algunas víctimas están protegidas del embarazo por lo que se ha llamado stress de infertilidad; una forma de infertilidad temporal como reacción al stress extremo.

El ciclo menstrual, controlado por hormonas, es fácilmente distorcionado por un stress emocional y puede actuar demorando la ovulación; o si la mujer ya ha ovulado la menstruación puede ocurrir prematuramente.Un estudio determinó que se registraron solamente el 0.6% de embarazos en 2190 víctimas de violación.


En una serie de 3,500 casos de violación en 10 años en el Hospital San Pablo de Minneapolis, no hubo un solo caso de embarazos puede ocurrir.Procurar una legislación en base a una excepción en vez de una regla es totalmente irracional desde el punto de vista jurídico. Es obvio que el espantoso crimen de la violación es utilizado para sensibilizar al público en favor del aborto, al presentar al fruto inocente de una posible concepción brutal como un agresor. Es claro que la mujer ha sufrido una primera espantosa agresión, la de la violación. Presentar el aborto como una "solución" es decir que un veneno hay que combatirlo aplicando otro.

El aborto no va a quitar ningún dolor físico o psicológico producido en una violación. Al contrario, le va a agregar las complicaciones físicas y psíquicas que ya el aborto tiene de por sí.Por otro lado, el fruto de este acto violento es un niño inocente, que no carga para nada con la brutal decisión de su padre genético. Por otro lado, los legisladores más expertos señalan que legalizar el aborto "sentimental" es abrirle la puerta a serias complicaciones jurídicas: prácticamente cualquier unión, incluso consensual, podría ser presentada como contraria a la voluntad de la mujer y, por tanto, una violación. Finalmente, el argumento más importante, es que el aborto por violación no es siquiera aceptado por sus verdaderas víctimas, las mujeres violadas. Pueden leerse estos duros pero reveladores testimonios

Es necesario eliminar a un niño con deficiencias porque él sufrirá mucho y le ocasionará sufrimientos y gastos a los padres.


La Verdad:
Este principio, conocido como "aborto eugenésico" se basa en el falso postulado de que "los lindos y sanos" son quienes deben establecer el criterio de valor de cuándo una vida vale o no. Con ese criterio, tendríamos motivo suficiente para matar a los minusválidos ya nacidos.


Por otro lado, científicamente, las pruebas prenatales no tienen seguridad del 100% para determinar malformaciones o defectos. Por ejemplo, en el caso de la rubeola, revisando 15 estudios de importancia, se encontró que sólo el 16.5% de los bebitos tendrían defectos. Quiere decir que el aborto por causa de la rubeola matará a 5 criaturas perfectamente sanas por cada bebé afectado.


Por último, ¿Quién puede afirmar que los minusválidos no desean vivir? Una de las manifestaciones contra el aborto más impresionantes en el estado norteamericano de California fue la realizada por un numeroso grupo de minusválidos reunidos bajo un gran cartel: "Gracias mamá porque no me abortaste".


El Dr. Paul Cameron ha demostrado ante la Academia de Psicólogos Americanos que ho hay diferencia entre las personas normales y anormales en lo que concierne a satisfacción de la vida, actitud hacia el futuro y vulnerabilidad a la frustración. "Decir que estos niños disfrutarían menos de la vida es una opinión que carece de apoyo empírico teórico", dice el experto. Incluso son numerosos los testimonios de los padres de niños disminuidos física o mentalmente que manifiestan el amor y la alegría que esos hijos les han prodigado.


El aborto debe ser legal porque todo niño debe ser deseado.


La Verdad:
Este es un argumento absurdo. El "deseo" o "no deseo" no afecta en nada la dignidad y el valor intrínseco de una persona. El niño no es una "cosa" sobre cuyo valor puede decidir otro de acuerdo a su estado de ánimo. Por otro lado, el que una mujer no esté contenta con su embarazo durante los primeros meses no indica que esta misma mujer no vaya a amar a su bebé una vez nacido.


Se ha podido comprobar que en los países donde el aborto está legalizado, se incrementa la violencia de los padres sobre los niños, especialmente la de la madre sobre sus hijos aun cuando sean planificados y esperados. La respuesta a ésto es que cuando la mujer violenta su naturaleza y aborta, aumenta su potencialidad de violencia y contagia ésta a la sociedad, la cual se va haciendo insensible al amor, al dolor y a la ternura.


El aborto debe ser legal porque la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo.


La Verdad:
Pero no cuando el sentido común y la ciencia moderna reconocen que en un embarazo hay dos vidas y dos cuerpos. Mujer, según definición de diccionario, es un "ser humano femenino". Dado que el sexo se determina cromosómicamente en la concepción, y más o menos la mitad de los que son abortados son "seres humanos femeninos"; obviamente NO TODA MUJER TIENE DERECHO A CONTROLAR SU PROPIO CUERPO.


Con la legalización del aborto se terminarían los abortos clandestinos.


La Verdad:
 Las estadísticas en los países "desarrollados" demuestran que esto no es así. Por el contrario, la legalización del aborto lo convierte en un método que parece moralmente aceptable y por tanto, como una opción posible que no es igualmente considerada allí donde no es legal.


Pero dado que la gran mayoría de abortos no son por un motivo "sentimental", "terapéutico" o "eugenésico", sino por un embarazo considerado "vergonzoso", no es extraño que la mujer -especialmente si es adolescente o joven- busque igualmente métodos abortivos clandestinos por la sencilla razón de que una ley, aunque quite la pena legal, no quita la verguenza y el deseo de ocultamiento. Por otro lado, esta mentira se basa en el mito según el cual los abortos legales son más "seguros" que los clandestinos. Un ejemplo: Una investigación realizada en 1978 en Estados Unidos arrojó que sólo en las clínicas de Illlinois, se habían producido 12 muertes por abortos legales.


El aborto debe ser legal porque la mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo.


La Verdad:
¿Tiene una persona derecho a decidir sobre su propio cuerpo? Sí, pero hasta cierto punto. ¿Puede alguien eliminar a un vecino ruidoso sólo porque molesta a sus oídos? Obviamente no. Es igual en el caso del aborto. La mujer estaría decidiendo no sobre su propio cuerpo, sino sobre el de un ser que no es ella, aunque esté temporalmente dentro de ella.

El aborto es una operación tan sencilla como extraerse una muela o las amígdalas. Casi no tiene efectos colaterales.

La Verdad:
Las cifras desmienten esta afirmación. Después de un aborto legal, aumenta la esterilidad en un 10%, los abortos espontáneos también en un 10%, y los problemas emocionales suben del 9 al 59%. Además, hay complicaciones si los embarazos son consecutivos y la mujer tiene el factor RH negativo. Los embarazos extra-uterinos aumentan de un 0.5% a un 3.5%, y los partos prematuros de un 5% a un 15%. También pueden darse perforación del útero, coágulos sanguíneos en los pulmones, infección, y hepatitis producida por las tansfusiones, que podría ser fatal.

Además, cada vez más investigaciones tienden a confirmar una importante tesis médica: que la interrupción violenta del proceso de gestación mediante el aborto afecta las células de las mamas, haciéndolas sensiblemente más propensas al cáncer. Algunos partidarios del aborto incluso han llegado a plantear que el aborto es menos peligroso que un parto.

Esta afirmación es falsa: el aborto, especialmente en los últimos meses del embarazo, es notablemente más peligroso. En los países ricos mueren dos veces más mujeres por aborto legal que por disfunciones del parto. Por otro lado, algunas mujeres tienen problemas emocionales y psicológicos inmediatamente después del aborto,otras los tienen muchos años después: se trata del Sindrome Post Aborto.

Las mujeres que lo padecen niegan y reprimen cualquier sentimiento negativo por un periodo promedio de al menos cinco años. Después surgen una variedad de síntomas, desde sudoraciones y palpitaciones hasta anorexia, alucinaciones y pesadillas. Los síntomas son sorprendentemente similares a los del Síndrome de tensión post traumático que sufrieron algunos veteranos, 10 años o más después de haber combatido en una guerra

jueves, 4 de febrero de 2010

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2010


 

CIUDAD DEL VATICANO, 4 FEB 2010 (VIS).-Se ha publicado hoy el Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2010. El texto, fechado el 30 de octubre de 2009, lleva por título la siguiente afirmación de San Pablo en su Carta a los Romanos: "La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo". Sigue el documento íntegro en su versión española:


 

  "Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22).


 

  Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra "justicia", que en el lenguaje común implica "dar a cada uno lo suyo" - "dare cuique suum", según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste "lo suyo" que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia "distributiva" no proporciona al ser humano todo "lo suyo" que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si "la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo... no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios" (De Civitate Dei, XIX, 21).


 

  "El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: "Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas" (Mc  7,15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene "de fuera", para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar -advierte Jesús- es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: "Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?


 

  En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que "levanta del polvo al desvalido" (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad,. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe. No es casualidad que el don de las tablas de la Ley a Moisés, en el monte Sinaí, suceda después del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en "escuchar el clamor" de su pueblo y "ha bajado para librarle de la mano de los egipcios" (cf. Ex 3,8). Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario  salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un "éxodo" más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?


 

  El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: "Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado... por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).


 

  ¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la "propiciación" tenga lugar en la "sangre" de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la "maldición" que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la "bendición" que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14). Pero esto suscita en seguida una objeción: ¿qué justicia existe dónde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendición que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de "lo suyo"? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.


 

  Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mío", para darme gratuitamente lo "suyo". Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia "más grande", que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.


 

  Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.


 

  Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica".

MESS/CUARESMA 2010/...                                                         VIS 100204 (1560)

Consejos para la madre que trabaja fuera de casa

Sin temor a equivocarnos, podemos decir que el "precio" de salir a trabajar es elevado. La mujer sigue con la responsabilidad de atender la casa y la familia y al mismo tiempo debe luchar por salir adelante en un mundo laboral que demanda mucho física y mentalmente. 

Cada vez es más frecuente que la mujer trabaje por fuera del hogar. Algunas lo hacen por necesidad, otras por desarrollar sus intereses personales o profesionales.

No existe una fórmula mágica para alcanzar el equilibrio entre el hogar y el trabajo. Ningún modelo es mejor que el otro en términos de realización personal, ni tiene por qué afectar directamente la marcha del hogar. Lo que cuenta es tener una intención recta.

Si al quedarse en casa la madre lo hace con resentimientos y frustración, la compañía que dará a sus hijos carecerá de alegría y no será fuente de seguridad afectiva. Hay familias con madres de tiempo completo que no marchan bien, así como otras que cuentan con mamá por corto tiempo, pero viven en armonía.

Calidad y tiempo: El mayor riesgo de las madres que trabajan fuera de casa, es que el cansancio y las tensiones la pongan de mal humor, se irrite fácilmente y esté poco dispuesta a compartir su tiempo libre con los hijos. Si esto sucede, será conveniente plantearse la forma de asumir el trabajo y estudiar la posibilidad de buscar ayuda en las labores hogareñas.

Por otra parte el teléfono móvil puede facilitar, usado con prudencia, la cercanía con los hijos

Los niños necesitan una madre atenta y preocupada por sus intereses para sentirse felices y valorados. El corto tiempo que se dispone para los hijos debe ser compensado por la "calidad" de él. 

Pero es bueno no hacerse trampas: un mínimo de tiempo con ellos es esencial. Quizás es bueno realizar en forma entretenida algunas tareas juntos, como las compras, la limpieza de la casa, lavar platos, etc. En este compartir, los niños aprenden del ejemplo que les da su madre y puede ser una buena oportunidad para la comunicación de madre e hijo.

Lo importante no es que se aporte mucho o poco dinero a la casa, salvo cuando ese ingreso es vital para el hogar. Importa más la contribución prudente, serena y profunda al bienestar del hogar. Por último no olvide pedir ayuda a su cónyuge para buscar soluciones a este tema: él debe tener el mismo interés que usted.

Será beatificado un sacerdote que murió mientras celebraba misa

El padre José Tous y Soler subirá a los altares el próximo 25 de abril

BARCELONA, miércoles 3 de febrero de 2010 (ZENIT.org) Para el padre Alfonso Ramirez Peralbo OFMCap., postulador de la causa de canonización del padre José Tous, la vida de este sacerdote catalán fue "una misa continua" y quizás por eso fue llamado a la Casa del Padre mientras justo luego de la consagración eucarística en la capilla del Colegio de las hermanas Capuchinas en Barcelona en 1871.

Este sacerdote español, fundador de las hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, será beatificado el 25 de abril, día del Buen Pastor en la Iglesia de Santa María del Mar, en Barcelona.

Llamado por Dios

Nacido en Igualada (Barcelona – España) en 1811, tenía 16 años cuando entró a formar parte de la orden capuchina. Con una intensa vida espiritual silenciosa, estudiosa y llena de abnegaciones, fray José pasó por diferentes conventos en su país y se preparó para su ordenación sacerdotal, en 1834.

Un año más tarde tuvo que enfrentar una de las pruebas más duras de su vida: el exilio debido a la persecución vivida en España en el siglo XIX, cuando muchos religiosos fueron sometidos a la exclaustración.

Varios meses pasó recorriendo la costa mediterránea por el norte de Italia hasta que en 1937 llegó a Francia y se instaló en el monasterio de las benedictinas en Tolouse. Allí se dedicaba a la contemplación y a la adoración eucarística, así como a la ayuda espiritual de las jóvenes religiosas.

Regresó a Cataluña en 1843, donde comenzó a trabajar en la Iglesia local como sacerdote secular, debido a que no le era permitido ejercer la vida conventual, ni vestir el hábito capuchino. Por ello vivía con sus padres y trabajaba en varias parroquias cercanas.

El padre José descubrió así que tenía una sensibilidad especial hacia la educación de los niños. "Como Jesús ante la multitud sintió compasión porque las ovejas se hallaban sin pastor", dijo su postulador. Y esa misma sensibilidad la encontró también en tres chicas que él conocía: Isabel Jubal, Marta Suñol y Remedio Palos.

Por ello, el padre José Tous aceptó orientar a estas chicas. Estudió la regla de Santa Clara de Asís y adaptó las Constituciones capuchinas de la beata Mª Ángela Astorch para unas Capuchinas Terciarias de Enseñanza. Así nació la congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor.

La primera comunidad se estableció en la localidad de Ripoll en marzo de 1850 y el 27 de mayo del mismo año abrieron la primera escuela.

El padre Tous las exhortaba a "derramar en el tierno corazón de los niños los santos pensamientos y devotos afectos que Dios les comunicaba en la oración".

"Vivió su entrega a Dios y su consagración a las hermanas con el ánimo puesto en el Buen Pastor, dijo que a las niñas debería tratárseles con el cariño maternal", asegura el padre Ramírez en diálogo con ZENIT.

Actualmente las hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor tienen comunidades en Cataluña, Murcia, País Vasco y Madrid. En América Latina están también presentes en Nicaragua, Costa Rica; Guatemala, Colombia y Cuba.

El padre Ramírez señala que la vida del futuro beato resulta ejemplar, especialmente en este año sacerdotal: "por su fe encendida que vive en el día a día sin querer sobresalir".

Una misa que lo llevó a la Eternidad

El padre Tous no tenía ninguna enfermedad terminal en el momento de su muerte. Sin embargo, según asegura su postulador, se cree que por las tensiones que tenía que enfrentar sufrió un gran desgaste físico tal que acabó con su vida en plena misa, justo después de la consagración mientras decía estas palabras del canon Romano: "Dirige tu mirada serena y bondadosa sobre esta ofrenda: acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel...", en ese momento se inclinó y se desplomó.

El párroco de San Francisco de Paula, fue a recoger su cuerpo exánime y a terminar la Misa.

"La vida de los santos suscita estupor porque vemos como dentro de ellos la gracia de Dios es capaz de realizar esas obras admirables ante nuestros propios ojos. El camino está abierto para quienes quieran seguir con sinceridad de corazón como lo hizo el padre Tous", concluye su Postulador.

Por Carmen Elena Villa Betancourt

miércoles, 3 de febrero de 2010

Qué hacer cuando los hijos se alejan de Dios


 

reocupa enormemente a los padres cuando sus hijos adolescentes o jóvenes toman una postura negativa ante Dios, teniendo en cuenta que en el hogar se les transmitieron los valores religiosos y años después, cuando alcanzan un poco de autonomía, libertad y razón, han decidido rechazar todo lo que represente Dios.

Cuando esta situación se presenta en las familias, algunos padres pueden reaccionar de manera coercitiva obligando al hijo a asistir a Misa o a las diferentes celebraciones religiosas. Otros padres optarán por dejarlo que se aparte y que él mismo vuelva a encontrase con Dios.

Partiendo de la base que no es fácil esta dificultad con los hijos, lo importante es obrar de una manera adecuada para impedir que ese alejamiento se aumente, pues muchas veces la sola reacción de los padres es la que hace que los chicos se aparten aún más.

Antes de explicar qué hacer cuando sucede esta problemática, debemos analizar previamente algunos factores determinantes:

La fe tiene varias etapas

La fe también tiene un ciclo natural en la vida del ser humano. Así como explicaba el Padre Calixto en su artículo para el periódico El Colombiano: "Nuestra vivencia religiosa discurre por cuatro etapas: Aquella fe de la primera Comunión. Una segunda que vivimos durante la adolescencia, llena de incertidumbres y altibajos. Otra más, que se esfuma y puede morir en nuestra edad adulta. Y quizás una cuarta: Fe recobrada, cuando ayudamos a los hijos en sus tareas de religión".

Rebeldía, característica propia de los adolescentes

En esta etapa de la vida, los seres humanos atraviesan una etapa de inconformismo y un querer cambiar el statu quo. Muchas veces, ni siquiera saben contra qué se están rebelando, pero es esa búsqueda de identidad que ronda en sus mentes, la que los impulsa a desestabilizar todo lo que los rodea, incluso sus padres. Hay casos en que ni siquiera se rebelan ante Dios, sino ante sus propios papás, los cuales se convierten para ellos en una amenaza constante durante la adolescencia.

Si entendemos este contexto, podemos darnos cuenta de que la raíz del problema es otro y no necesariamente tiene que ser Dios.

Malas influencias

Una persona cercana a nuestro hijo, puede estar haciendo las veces de cuestionador de la fe. No nos olvidemos que durante la adolescencia y/o juventud los amigos son las personas más influyentes en nuestros hijos. Y una mala amistad puede hacer mucho daño. Cuando veamos cierto rechazo de nuestro hijo hacia la religión, comencemos a indagar sobre sus amistades, conozcámoslos, invitémoslos a casa y ojalá tengamos algún contacto con sus familias.

Si confirma que este es el problema, ni se le ocurra prohibir esta amistad, lo único que logrará será sentar una guerra con su hijo. Tendrá que usar otras tácticas más sutiles que lo alejen de esa inconveniente persona.

El control extremo

Ya no son niños y eso debe quedar muy claro. Ellos han crecido y son personas que pueden razonar, elegir y tienen poder de decisión, aunque todavía sean inmaduros. Cuando ejercemos un control extremo sobre los hijos, se nos puede devolver en nuestra contra. A estas edades, se supone que hemos educado en valores y confiamos en la educación que le hemos infundido a lo largo de estos años. Por tanto, no es recomendable obligarlos ni imponerles la religión, pues terminarán objetándola.

¿Qué hacer entonces? 

1. Acompañarlos, nunca dejarlos solos

No nos engañemos, cuando nosotros mismos pasamos por la etapa adolescente también pudimos haber sentido desasosiego y algo de rebeldía. Así que hagamos un esfuerzo por comprender al hijo y acompañarlo en este proceso.

2. Nada de reproches y regaños

Aunque sabemos que nuestro hijo está equivocado, no es motivo para hacerle reproches o comentarios que lo hagan sentir mal. Este tema no se debe convertir en un tormento ni un espacio de "cantaleta" y regaños. Por el contario, el diálogo ameno y positivo le dará mejores resultados.

3. Nuestro ejemplo y coherencia

No hay mejor educador que el ejemplo. Debemos ser coherentes con la Palabra de Dios y hacer que nuestras obras sean acordes a lo que profesamos. Si los hijos ven que tratamos bien a las personas, somos honestos, respetuosos, responsables, pacientes, caritativos, amorosos, ellos captarán el mensaje y terminarán aceptando los beneficios de tener a Dios en la vida.

4. Hablarles positivamente de Dios, como un amigo, no como un castigador

Debemos transmitirles a los hijos la enseñanza de Dios de forma positiva, pues el Señor nos quiere a todos y perdona nuestras fallas. Presentémosle a Jesús como su amigo, su compañía, su protector.

5. Rezar por nuestros hijos

Por último, lo mejor que podemos hacer, es rezar por nuestros hijos, encomendárselos a la Virgen María para que vuelvan y se acerquen de nuevo al Señor.

El decálogo del político católico, bajo la sombra de Tomás Moro.

La naturaleza y la responsabilidad que conlleva la vocación a la acción política consisten en usar el poder legítimo en consecución del bien común de la sociedad. El político católico debe hacer todo lo posible para que la ley positiva se identifique al máximo con la ley natural

En el comienzo de un nuevo milenio, nuestra sociedad vive intensas transformaciones que influyen en la creación de una nueva dimensión de la política. El relativismo imperante, hijo del declive de las ideologías ha propiciado la uniformidad de los políticos, tecnócratas movidos por la voluntad volátil de los grupos de interés. En este momento, se precisa la necesidad de redescubrir el sentido de la participación de los católicos en la vida pública. La política es un compromiso que exige vivirse como un servicio a la sociedad. El político católico por su visión y comprensión del hombre y la sociedad debe dar un testimonio público de estar al servicio de la persona, por encima de los intereses creados, y dispuesto incluso al sacrificio máximo de su persona.

En este sentido, Juan Pablo II decidió proclamar el 31 de octubre del 2000 a Tomás Moro como patrono de los políticos, por ejemplo de coherencia, honestidad, entrega y fidelidad a una conciencia labrada por el humanismo católico. Este insigne hombre de gobierno puso, por su formación, a la persona humana como fin supremo de su servicio en la vida pública.

Pero, ¿Quién fue Tomás Moro? Nacido en Londres en 1478 en el seno de una familia de alcurnia, su padre fue un hombre de leyes que quiso que el joven Tomás siguiese los mismos pasos. A los doce años pasó a ser paje en la casa del Cardenal Juan Morton, canciller del rey Enrique VII y Arzobispo de Canterbury. Juan Morton fue el encargado de convertir Inglaterra en un estado moderno al estilo que Luis XII estaba llevando en Francia y como Fernando e Isabel estaban también haciendo en España. La debilidad de la alta nobleza inglesa causada por la guerra civil de las dos rosas que había llevado al exterminios de las dos familias rivales y al triunfo de los Tudor, favoreció el nacimiento de un Estado moderno dinamizado por personas formadas en las enseñanzas clásicas y con vocación de servicio a los demás.

De este modo, el adolescente Tomás Moro se fue haciendo en los rudimentos de la vida pública inglesa. A parte, prosiguió sus estudios de leyes en Oxford y Londres, convirtiéndose en un humanista interesado en el griego y en otros saberes clásicos. Sin embargo, el joven Moro tenía una sensibilidad espiritual que le llevó a llevar una vida ascética y al trato con los frailes menores del convento de Greenwich. Incluso a los 24 años, decidió permanecer cuatro años, de 1498 a 1502, con los cartujos de Londres, llevando su vida y pensando que quería Dios de su vida. No obstante, Tomás Moro llegó a la conclusión de que su sitio estaba en seguir a Dios desde su vocación laical, a través del matrimonio y creando una familia.

En 1505 Tomás Moro encontraba el amor en la persona de Juana Colt con quien tendrá cuatro hijos. Sin embargo, poco tiempo después, en 1511 fallecía la mujer de Tomás Moro. El joven letrado, viudo y con la carga de mantener material y esencialmente educar a cuatro niños, casó de nuevo con Alicia Middleton, que también había enviudado y tenía una hija de su primer matrimonio. Tomás Moro se convirtió en algo más que un cabeza de familia convencional. Su familia, en un concepto de familia amplio y no nuclear, del que formaban parte una ama de casa y una hermana de leche de su mujer, se convierte en un núcleo donde se vive una intensa religiosidad y práctica de la Fe. Tomás Moro oye Misa todos los días, práctica una rato largo de oración, viste en su interior camisas de áspero tejido que le sirven de cilicio penitencial, acciones que le sirven para tener un alto concepto de la entrega a los demás y de dirección espiritual de sus próximos, como su familia. Este intimismo religioso del que forma parte Tomás Moro, es practicado por un reducido número de personas de alta formación humanística y espiritual, que pretenden alcanzar a Dios a través de la oración, el recogimiento, la meditación y la práctica ascética. Esta Devotio Moderna marcará a Tomás Moro y a hombres de su tiempo como Erasmo de Rotterdam, Tomás Kempis y Adriano de Utretch.

En cuanto a su vida pública, su formación al lado de Juan Mortón le sirvió para proseguir a las órdenes de Enrique VII y su actividad profesional representando los intereses de los comerciantes ingleses ante los del otro lado del canal de la Mancha le dio un gran prestigio como jurista. En 1504 Tomás Moro era elegido por el rey para representar a la ciudad de Londres en el parlamento inglés, era su primera intervención directa en la vida pública. Cuando en cinco años después murió Enrique VII, el nuevo rey Enrique VIII le revalidó en el cargo y es encargado de misiones diplomáticas en Francia y Flandes, en una de las cuales conocerá al joven príncipe Carlos Habsburgo, futuro emperador de Alemania.

Su carrera política prosigue con brillantez y al poco tiempo entra a formar parte del consejo del reino del canciller del reino, el Cardenal Tomás Wosley. A partir de entonces será juez presidente de un tribunal, vicetesorero y portavoz de la Cámara de los comunes en 1523. Aunque sin olvidar su cultivo de la cultura, Tomás Moro es un humanista reconocido que se escribe con los mayores intelectuales de la época como Erasmo de Rotterdam, Luis Vives o Pico de la Mirándola. Como ellos y por su vocación política escribe Utopía, su obra más conocida y divulgada. En Utopía el letrado londinense proyecta su modelo de sociedad. Si en un primer momento el libro es una crítica abierta a una sociedad europea que se va transformando y modernizando, pero perdiendo los valores que la forjaron en beneficio del dinero. Después, Tomás Moro se extiende idealizando una sociedad donde la guerra, los abusos de los reyes y el interés por los materiales preciosos están marginados. Al contrario la sociedad que describe es igualitaria, los hombres y las mujeres trabajan por igual y familia es la base de la sociedad de Utopía. No es casual que cuando Hernán Cortés parta a la conquista del Imperio Azteca, este libro se convierta en la obra de cabecera del insigne conquistador.

Sin embargo, en aquel momento Inglaterra esta perdiendo su prestigio internacional. La alianza de Inglaterra con Francia por la acción política de Tomás Wosley lleva a un fracaso tras otro y la vida disipada del canciller convence a Enrique VIII para que sea sustituido. En 1529 Tomás Moro es nombrado canciller y se convierte en el primer laico que ocupa la jefatura del gobierno. No obstante, en la cúspide de su carrera política es cuando Tomás Moro tendrá que demostrar su valía como persona coherente con sus ideas. Enrique VIII decide repudiar a su mujer, la reina Catalina, emparentada con el poderoso Carlos I de España y V de Alemania. El hecho volvía a plantear un intento de la realeza inglesa por imponerse a la autoridad de Roma en un tema absolutamente canónico. El rey finalmente decide tomar la jefatura de la Iglesia de Inglaterra para subordinarla a sus intereses sensuales.

Tomás Moro fiel a la verdad, mantiene la coherencia de su pensamiento y dimite en 1532 de su puesto de canciller al oponerse a la desobediencia a Roma. Su retirada de la política estará acompañada por el abandono de muchos de sus antiguos conocidos y una vida marcada por la estrechez económica. Dos años después, en 1534 Enrique VIII le propone el juramento de aceptación del cisma anglicano, que Tomás Moro sigue rechazando, siendo apresado y encarcelado en la Torre de Londres. En este momento es donde el carisma personal de Tomás Moro toma más altura al mantener su postura frente a las amenazas y llevar su entrega hasta el mismo momento de aceptar la injusta condena a muerte con la designación del deber cumplido. En 1886 será beatificado junto a otros mártires ingleses y en 1935 canonizado por Pío XI, con ocasión del cuarto centenario de su martirio.

La vida de Tomás Moro desarrolla una actividad pública al servicio de la persona que le lleva a defender sus ideas con coherencia, serenidad profesional y llega al total desprendimiento de la vida cuando debe mantener la defensa de la verdad, apoyándose en su fortaleza interior. El estadista inglés se proyecta desde el pasado como un modelo de hombre político al que los católicos pueden seguir para desarrollar su vida pública en el siglo XXI al servicio de la justicia.

La naturaleza y la responsabilidad que conlleva la vocación a la acción política consisten en usar el poder legítimo en consecución del bien común de la sociedad. En este sentido, el político católico no debe dejarse llevar por los intereses personales o de partido, sino buscar el bien de la totalidad de la sociedad, y en primer lugar de los más desfavorecidos. La preocupación que debe mostrar el político católico debe estar en luchar por la justicia y la igualdad de oportunidades. Las personas que pierden el vagón, que quedan abandonadas ante la competencia de hoy, los relegados de la vida moderna deben ser los que queden más amparados por la actividad de los católicos públicos.

Sin embargo, en la actual sociedad pluralista, el político católico se encuentra con la delicada misión de discutir leyes que plantean concepciones contrarias a la conciencia. No debe refugiarse en un lugar arrinconado y puro, sino de dar testimonio público de su Fe en al calle y vivir con coherencia con sus principios.

Esto significa que el político católico debe hacer todo lo posible para que la ley positiva se identifique al máximo con la ley natural. Por tanto, el derecho a la vida del ser humano, se convierte en la primera y principal trinchera del político católico. La persona humana desde su estado embrionario hasta su fase terminal debe estar protegida y a salvo de todo tipo de agresión o manipulación. Lo mismo ocurre con la defensa de la familia como célula básica de la sociedad y escuela de valores de los niños. A pesar de los frutos apreciables de las sociedades salidas del comunismo, donde la familia fue atacada con una legislación contraria. En el occidente capitalista, el relativismo impregna una sociedad que aprueba todo lo que quede respaldado por la mayoría parlamentaria. De este modo, en la actualidad se aprueban leyes contrarias a la unidad familiar y otorga validez legal a las uniones de hecho, incluso del mismo sexo.

La obligación del político católico está en defender y fortalecer la familia, muchos males sociales tienen su origen en la desintegración familiar, por lo que se da la necesidad de educar a los jóvenes en los valores familiares y formar con cada matrimonio una verdadera escuela de humanidad. El ejemplo de Tomás Moro como padre de familia y a la vez como hombre coherente con sus principios se proyecta de manera clara. Los más necesitados como los no nacidos, los ancianos o los enfermos incurables quedan en la actualidad indefensos ante leyes que no respetan sus derechos más elementales. El legislador católico tiene la obligación de servir de portavoz de sus intereses y ser el máximo defensor de unas personas que por su falta de rentabilidad social pueden verse despreciadas, marginadas y alentadas a aceptar una solución interesada.

En cuanto al efecto de la globalización, el pensador español Ortega y Gasset ya anunciaba sus efectos con la denominación de mundialización, pero este fenómeno del desarrollo de nuestro tiempo no se circunscribe únicamente al campo económico, basado en la libre iniciativa de mercado y que determina la producción y los precios. Sino que la globalización y el neoliberalismo imperante tienen una dimensión cultural y política que afecta a la ciudadanía de nuestros países. Ante la cultura de la muerte, Juan Pablo II lleva defendiendo en sus 23 años de pontificado "la cultura de la vida". Si la globalización se produce en el campo económico, porque debe seguir un efecto paralelo en los auténticos derechos humanos. ¿Qué papel tienen los más necesitados de la sociedad, los enfermos, ancianos y no nacidos en la futura aldea global?.

Para un político católico del siglo XXI el primer principio que ha de regir la globalización es el valor inalienable de la persona humana, base de todos los derechos humanos y del orden social. En un momento en que la investigación científica plantea nuevas fronteras como la clonación humana, el legislador católico debe, desde la defensa de los derechos de la persona, evitar la reducción del hombre a un producto comercial que responda a los intereses de unos pocos.

Sin embargo, aunque la globalización signifique un aumento de la interdependencia en el mundo y los desastres como guerras, enfermedades, limpiezas étnicas, crisis económicas... implican una dimensión mundial que llega a nuestros hogares a través de la universalización de la comunicación. Este fenómeno también tiene la contrapartida de proceder a una concienciación internacional de la solidaridad. Si los individuos, cuanto más indefensos son, más necesitados están del apoyo de sus semejantes. El político católico se ve en la necesidad de ayudar a entretejer una red de solidaridad internacional hacia los necesitados de otras partes del mundo. Los problemas tienen dimensiones internacionales y las respuestas no bastan que sean nacionales, han de tener la participación de todos los países con medios a su alcance.

Sin embargo, el efecto de la globalización no debe tender a la uniformidad y a la asimilación de todos, perdiendo los pueblos su identidad y prerrogativas. Desde siempre el catolicismo ha defendido el derecho de subsidiariedad y el político católico debe actualizar la defensa de un principio que fue defendido por los católicos sociales de principios de siglo XX y que ahora es imprescindible. Cada persona, familia, comunidad, nación tiene el derecho a mantener sus competencias y regirse según sus costumbres. La globalización no tiene porque absorber anónimamente a los pueblos y perder una variedad cultural y social que identifica a la persona con las raíces de su origen.

Por tanto, la integración que propugna la globalización para que sea útil debe contar con políticos católicos que defiendan las garantías sociales, legales y culturales de las personas, las comunidades nacionales y los grupos intermedios. Elementos estos últimos necesarios para vertebrar una sociedad moderna. Al mismo tiempo, el político católico debe sentirse apoyado e inspirado por una realidad viva de un catolicismo social y dinámico, que alimente un asociacionismo ciudadano que plantee problemas y soluciones, y que desde su fortaleza organizativa haga que el político, portavoz de sus intereses canalice la nueva situación de la globalización por los lindes del progreso de la dignidad humana.

José Luis Orella.