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Montevideo (Uruguay), 26 May. 10 (AICA) | |
El sacerdote salesiano Martín Lasarte envió una carta al diario New York Times respecto a la morbosa insistencia sobre los sacerdotes pedófilos, carta que el diario neoyorquino nunca publicó. La carta comienza diciendo: "Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero. | |
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AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente |
miércoles, 26 de mayo de 2010
Carta de un misionero uruguayo en Angola al New York Times
lunes, 24 de mayo de 2010
Murio el ateo que concluyo: “ Hay Dios”
Juanjo Romero
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viernes, 21 de mayo de 2010 | |||||||
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La Teología del Cuerpo
Profundizando en el legado de Juan Pablo II
ROMA, jueves 20 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Por el interés del tema, publicamos la Lectio magistralis pronunciada por monseñor Jean Laffitte, Secretario del Consejo Pontificio para la Familia, en la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, el pasado 22 de abril.
La segunda parte de esta conferencia se publicará en el servicio de mañana viernes 21 de mayo.
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El cuerpo humano y sus significados
Quisiera comenzar esta intervención mía con una primera observación sobre el título elegido: "Teología del cuerpo". Verdaderamente la expresión es paradójica. El discurso sobre Dios, teo-logía, se refiere a la persona humana considerada en su totalidad y no sólo en una dimensión de su ser, aquí, el cuerpo. Por tanto, cuando se habla de teología del cuerpo, es necesario entender desde el principio en qué acepción se entiende la palabra cuerpo. Se trata de toda la persona humana, considerada en su dimensión corpórea. Hablamos así de un cuerpo animado, cuyos fenómenos pueden ser estudiados en el campo de varias ciencias: fisiología, anatomía, todos los sectores de las ciencias biomédicas. No es en este restringido sentido fisiológico como la palabra cuerpo debe ser entendida en nuestra perspectiva. De hecho, el cuerpo humano tiene otros significados. En la medida en que hace presente y visible a toda la persona humana, es portador de valores simbólicos: el cuerpo es la modalidad en la que la persona se hace presente. Cada persona se deja contemplar en su cuerpo; el cuerpo es único, singular, personal. Es ciertamente una realidad carnal. Con todo, está animado no de la forma en que un robot estaría animado por movimientos mecánicos y estereotipados, sino de un modo tal que será en seguida identificado como el cuerpo de esta persona precisa. En este sentido, todos los cuerpos son distintos, porque las personas son distintas.
Si nos queremos limitar a la antropología de San Pablo, como la encontramos expresada por ejemplo en la primera carta a los Tesalonicenses, donde el Apóstol se refiere al hombre "todo entero espíritu, alma y cuerpo" (1 Ts 5,23), vemos que una realidad invisible, indicada por los dos términos "alma" y "espíritu", sobre los que diremos luego algo, se completa con un dato material, visible, expresado por la palabra "cuerpo". Como lo hizo observar justamente Denis Biju-Duval [1], esta antropología no debe oponerse a la clásica distinción entre alma y cuerpo, más familiar a los espíritus occidentales. Según este autor, las dos antropologías (alma-cuerpo y espíritu-alma-cuerpo) han sido opuestas artificialmente, sustantivando los términos semíticos, expresados en la Biblia en forma de adjetivos: lo espiritual (pneumatikos), lo psíquico (psychikos). Las realidades espiritual y psíquica remiten a la interioridad del hombre, al corazón, lugar simbólico tanto de la decisión (espiritual) sea de los sentimientos y de la afectividad (psíquica). La interioridad del hombre se comprende sólo en la tensión con su exterioridad. La carne expresa lo que de algún modo sucede en el corazón del hombre. Esto es tan cierto que, para designar la realidad interior del hombre, se usan a menudo símbolos e imágenes inspiradas en la exterioridad (además del lenguaje espacial, como para el binomio interior-exterior, encontramos elementos orgánicos, el "corazón", el "aire puro", las "vísceras", o incluso elementos naturales, hablando del corazón como de una "tierra fértil" o "estéril", como de un templo", de una casa, etc.).
Además de esta función de revelar algo escondido, el cuerpo tiene el papel de mediar entre el hombre y el mundo. Existe una cierta ambigüedad del cuerpo en la medida en que se encuentra por así decirlo a medio camino entre un objeto recibido (Körper) y un hecho asumido (Leib), entre, si queremos, el haber y el ser: "tengo" un cuerpo que me causa sufrimiento o placer, pero al mismo tiempo, "soy" un cuerpo, de forma que quien ataca o hiere mi cuerpo ataca o hiere a toda mi persona. Soy mi cuerpo. Mi cuerpo exige naturalmente respeto.
Me parece que las distinciones hechas ayudan a entender que la palabra "cuerpo" es una realidad compleja. Queda ahora algo que decir sobre el otro término de nuestro título, "teología".
El cuerpo tiene un valor teológico por tres motivos fundamentales:
- El primero es el hecho de que ha sido querido por Dios y creado por él. Esta observación implica necesariamente que es portador de algunas finalidades intrínsecas.
- El segundo motivo es que Dios ha elegido el cuerpo humano como mediación para revelarse a los hombres: es el dato de la Encarnación. El Verbo se hizo carne.
- A estos dos elementos, Creación y Encarnación, debe añadirse un tercero, la Resurrección, que se refiere al destino final del cuerpo humano; es un dato que especifica la fe cristiana: la resurrección de los cuerpos. A pesar de su crecimiento, sus sufrimientos, su envejecimiento hasta la muerte, y su descomposición orgánica, el cuerpo humano está destinado a resucitar. En una visión de fe, este dato ha sido acreditado por el acontecimiento histórico fundamental que ha sido la resurrección de Jesús de entre los muertos. Es sobre la base d este acontecimiento que el cristiano cree verdaderamente que habrá una resurrección de los muertos; un acontecimiento fundamental para él y para todos los hombres, que serán integrados a la fuerza del Resucitado. Podríamos en otro lugar profundizar en el hecho de que la resurrección del cuerpo, lejos de ser una creencia irracional, se funda al contrario en la eminente coherencia de la fe, expresada en este campo por el destino común entre el cuerpo de cada bautizado y el cuerpo del Señor resucitado.
Es imposible fundar una "teología del cuerpo" sin integrar la certeza de la resurrección. Nos ayuda en este sentido el texto esencial d san Pablo en la primera carta a los Corintios: "El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder (1 Cor 6, 13-14). En el contexto d una enseñanza sobre el uso equivocado y pecaminoso del cuerpo que es la fornicación, el Apóstol saca las consecuencias morales de esta forma: "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: Los dos se harán una sola carne. Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él (1 Cor 6, 15-17). En verdad, para ser completos, deberíamos prolongar la lectura de san Pablo, en particular recordar estas dos ideas secundarias de que el cuerpo es "templo del Espíritu Santo", y de que el hombre ya no se pertenece, desde el momento en que ha sido "comprado a caro precio por el Señor". El caro precio ha sido el del Calvario, de la pasión y de la muerte de Jesús en el leño de la cruz.
Para resumir en pocas palabras estos fundamentos de la "Teología del cuerpo", es necesario no olvidar ninguno de los elementos apenas evocados: creación del hombre por Dios y por tanto creación de su propio cuerpo, asunción del cuerpo humano del cuerpo humano por el Hijo eterno del Padre, resurrección de Jesús y resurrección de los hombres en su persona, presencia del Espíritu de Dios como en un templo, dando al cuerpo humano una dignidad excelsa.
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[1] Biju-duval D.; La profondità del cuore. Tra psichico e spirituale (Prefacio de J. Laffitte), Effatà Editrice, Cantalupa (To) 2009, pp. 29-41
[Traducción del italiano por Inma Álvarez]
jueves, 20 de mayo de 2010
“Los jóvenes leen mitología porque buscan valores”
Entrevista al autor de la saga "Iván de Aldénuri"
SAN SEBASTIÁN, miércoles 19 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Lleva unos 25.000 ejemplares vendidos, dentro y fuera de España, ha sido traducida al inglés y al croata, y está en trámites para ser el guión de una película. Se trata de la saga Iván de Aldénuri, compuesta por tres volúmenes: El bosque de los Thaurroks, La herencia de Bérehor y El asedio de Muihl-Athern (ed. LibrosLibres).
Con un indiscutible sabor tolkieniano, sin embargo la saga tiene particularidades que la hacen muy apropiada para el público juvenil, y un interesante trasfondo de valores cristianos.
Su autor, Juan Antonio Pérez Foncea, es invitado cada poco por colegios e institutos de toda España para hablar de su personaje. Actualmente prepara una segunda saga, del estilo de la anterior, Thúval de Invérnnia, cuyo primer volumen se publicará este mismo año.
-¿Cómo surgió la historia de Iván de Aldénuri? ¿Fue una inspiración?
Juan Antonio Pérez Foncea: Yo digo siempre que fue una especie de milagro. Yo soy abogado, nunca se me había ocurrido escribir nada. Ocurrió el 3 de abril de 2002 a las cuatro de la tarde, un día que estaba especialmente cansado por un tema del despacho, que estaba llevando ya varias semanas y que era muy complicado. Me puse a escribir durante veinte minutos o media hora, y luego seguí con el tema que me preocupaba.
Después de unos quince días, sin acordarme de aquello, en la pantalla de mi ordenador había un archivo que ponía "historia". Como los abogados somos gente seria y no escribimos historias en el despacho, me dispuse a borrarlo, y conforme lo llevaba con el cursor a a papelera, algo dentro de mí dijo: "¿no vas a leerlo antes de tirarlo?".
Así que lo abrí, lo leí y me gustó bastante. Me recordaba a Tolkien y El Señor de los Anillos, por lo que seguí escribiendo como hobby. Lo terminé en nueve meses y lo mandé a la editorial LibrosLibres, que en seguida me contestó.
Se trata de una historia épica, y en ella se reflejan mis tres pasiones, que son la naturaleza, los pueblos europeos primitivos y el gusto por las etimologías, por el lenguaje. Creo que las palabras tienen connotaciones que van más allá de sus propios significados. Me gusta jugar con la eufonía de las palabras, inventar términos que tienen que ver con lugares en los que he vivido, idealizados.
-Ahora mismo ¿en qué proyectos está trabajando?
Juan Antonio Pérez Foncea: Ahora mismo estoy trabajando en una segunda saga, sin conexión con la anterior, Thúval de Invérnnia. El primer libro está ya en fase de corrección y publicación.
Para quien no lo sepa, ese nombre corresponde a uno de los nietos de Noé, que según una leyenda, recogida en las Crónicas de Alfonso X el Sabio, fue el primer hombre que habitó en España después del Diluvio. Por supuesto, mi libro no es novela histórica, pero me parece interesante explicar el origen de este nombre.
Thúval, el personaje, tiene dos detalles, que me parecieron importantes: uno, es cojo, y otro, su estrecha relación con los animales.
Este segundo detalle se me ocurrió tras conocer la historia de una mujer judía alemana, que cuenta que cuando tenía 7 años se perdió en un bosque, huyendo de los nazis. La encontraron unos lobos, y una loba, por instinto maternal, la cuidó durante todo el invierno, dándole de comer y protegiéndola. Esta historia la he asumido también para Thúval.
Respecto a la cojera, es significativo, como defecto que el personaje tiene que superar.
-Sus jóvenes lectores ¿qué es lo que más aprecian de la saga?
Juan Antonio Pérez Foncea: Pues la verdad es que recibo muchas cartas, e-mails, y hay preferencias para todos los gustos. Recuerdo que el otro día en México, en la Feria del Libro de Guadalajara, y vino un chico de unos 25 años que me dijo: "lo que más me gusta es lo que dice de la esperanza".
En general, los lectores de más edad se fijan en los valores reflejados por el libro, mientras que los más jóvenes prefieren la acción y la aventura.
-Iván de Aldénuri, y muchas otras obras, se inspiran en Tolkien. ¿Qué ha aportado El Señor de los Anillos a la literatura fantástica actual?
Juan Antonio Pérez Foncea: Se podrían dar muchas respuestas. Yo creo que en la cultura actual, tan materialista, tan artificiosa y con tantos medios técnicos, las jóvenes generaciones tienen nostalgia de mundos más románticos, más sencillos.
Por otro lado, los libros de Tolkien están llenos de valores cristianos, de valores perennes para la humanidad, valores imperecederos que "calan" en la gente. Aparte, yo creo que es una literatura que ha existido siempre, desde los libros de caballerías. Y que refleja muy bien la lucha entre el bien y el mal que todos llevamos dentro.
-¿Podría tener también que ver con un cierto desencanto hacia el progreso, y con la búsqueda de nuevas fuentes de inspiración?
Juan Antonio Pérez Foncea: Eso es indudable, como reconocía expresamente el propio Tolkien. Pero hay más, como muestra una célebre conversación entre Tolkien y su amigo C.S. Lewis a propósito de los mitos y la búsqueda de la verdad: las historias fantásticas son verdaderas, en la medida en que despiertan esa "chispa" que todos llevamos dentro, de necesidad de retorno hacia Dios. Para el autor de El Señor de los Anillos, cuanto más profunda era esa búsqueda del ser del hombre, tanto más adecuadas resultaban estas historias fantásticas, de epopeyas.
-La mitología es una búsqueda. ¿Qué cree usted que buscan hoy los jóvenes, cuando acuden a la literatura mitológica?
Juan Antonio Pérez Foncea: Eso lo veo yo constantemente en las cartas que recibo. Dice un autor que hoy, un niño que nace en España, lo primero que hace es bostezar. Los jóvenes viven muy alienados, todo se nos presenta como previsto, medido, tasado, y a la vez ayunos de valores. Muchos acuden a este tipo de literatura en búsqueda de valores, de sentido. Y también es literatura de evasión, que ayuda a escapar del aburrimiento del día a día. Por contra, la tentación de caer en lo esotérico es muy habitual en la literatura fantástica.
-Un detalle muy poco habitual en los libros mitológicos, y por el que usted apuesta claramente en su obra, es que Iván de Aldénuri ¡tiene familia! Unos padres que le quieren mucho, unos hermanos gemelos, una hermana y una hermanita pequeña, un tío misterioso... ¿Cómo se le ocurrió?
Juan Antonio Pérez Foncea: Es verdad, en esta literatura el protagonista suele ser una persona sola, sin padres, sin arraigo, para poder afrontar el destino que le espera. Es un recurso literario muy común. En el caso de Iván de Aldénuri, lo hice de forma inconsciente, sin planificar.
Pero qué duda cabe que la familia es uno de los grandes valores del ser humano, a pesar de los ataques actuales. Conforme pasan los años, uno se da cuenta de cuán importante ha sido en su vida su familia, su infancia, sus hermanos, los libros que ha leído...
-Pero en el contexto actual, en que muchos de sus lectores probablemente carecerán de referencias como los hermanos, incluso la estabilidad familiar, ¿no era un poco arriesgado por su parte proponer una familia, lo que hoy dirían muchos, "tradicional"?
Juan Antonio Pérez Foncea: Yo diría que todo lo contrario. La experiencia me demuestra que muchas personas, que por la razón que sea, no ha tenido una experiencia de familia "plena", rica, extensa, con lazos fuertes, si llega a conocer algún caso, le sorprende y le fascina. Recuerdo el caso de una chica sueca que tenía un novio argentino, y cuando conoció a la familia de él, su primer comentario, entre lágrimas, fue: "yo creía que esto ya no existía". La familia es algo maravilloso.
-Por último, ¿no es arriesgado proponer hoy la existencia de una lucha entre el bien y el mal, en una sociedad que la niega?
Juan Antonio Pérez Foncea: Tampoco. Hay un dicho antiguo que dice que la verdad "sólo tiene un camino". El relativismo de hoy pretende negar una cosa que es evidente, y es la existencia del bien y del mal. Y esa lucha entre uno y otro la tenemos todos, lo queramos reconocer o no. La verdadera batalla épica de la vida no es salir a la calle con una espada a matar orcos, sino que tiene lugar en nuestro interior. Hay personajes de la saga que cambian, a mejor y a peor.
Y eso es algo que siempre atraerá, por la sencilla razón de que es verdad. En una película, todos nos identificamos con el héroe, que se sacrifica a sí mismo para que triunfe el bien. Y eso es lo que un buen libro propone: que disfrutando, intentemos ser mejores.
Más información: www.ivandealdenuri.com
[Por Inma Álvarez]
Ser cristianos hoy
La Razón
Cardenal Cañizares
19/05/10
Los cristianos –fieles laicos, jerarquía de la Iglesia, todos– nos hallamos en este mundo en una situación de exilio cultural muy semejante al de las primeras comunidades cristianas en el mundo pagano o judío, pero con una diferencia fundamental: que el cristianismo constituía entonces una novedad, mientras la sociedad actual cree conocerlo. Esta sociedad nuestra ha aprendido, por así decirlo, a interpretarlo, en las claves que a ella le son familiares, como ideología, como estructura de poder, como sistema abstracto de valores, como sentido estético, o sentimiento afectivo, o vivencia privada.
Por desgracia, con mucha frecuencia, los mismos cristianos interpretamos así nuestra propia fe, y ése es quizá el obstáculo más persistente para una nueva evangelización, que, ante todo, habrá de ser obra de testimonio. En vez de juzgar el mundo desde las categorías que nos proporciona la experiencia de la fe, juzgamos la fe desde las categorías del mundo. Es fundamental que se remueva en nosotros la experiencia de fe, que vuelva a darse en nosotros esa sorpresa y gratitud sin límite por una gracia presente y una certeza que sostiene la vida: la gracia y la certeza de la verdad y del amor sin límite en nuestras vidas que nos afecta de manera incondicional y decisiva, que nos llena por completo y nos hace experimentar la riqueza total que entraña para nuestro humano vivir; la gracia y la certeza de una persona que es Jesucristo en la Cruz, Cristo que vive y está presente con nosotros.
Un discurso abstracto acerca de Jesús, una idea sobre Él, o un conjunto de valores que en él pueden descubrirse no bastan para llenar la vida del hombre, moverle a cambiar de vida, hacerle de verdad feliz y dichoso. Sólo puede ser el testimonio de algo que a uno le ha sucedido en la vida, el testimonio de la redención de Cristo, de la que brota una vida nueva esperanzada, libre y dichosa, una visión nueva, una mirada nueva sobre toda la realidad que se extiende a todas las facetas de la vida, las llena de sentido y las ilumina.
Un testimonio puede ser rechazado o acogido, pero no es algo de lo que se pueda discutir por mucho tiempo; como el ciego de nacimiento: «Yo sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo»; que me he encontrado con Jesucristo en mi camino y, como al paralítico, me ha hecho andar. La clave es el encuentro con Jesucristo, como les sucedió a Andrés y a Juan, como le sucedió a Pedro: «¿A quién vamos a acudir?; Tú tienes palabras de vida eterna»; o como a Pablo: «Para mí la vida es Cristo»; «¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo?»; o como a Zaqueo: «Daré la mitad de mis bienes». Si uno se queda detenido en valores, en conceptos e ideas, por muy atractivos que sean, y no se encuentra con la persona misma de Jesucristo y se confía a Él, no ha llegado hasta el final para ver y palpar la grandeza de ser hombre, la felicidad y la vida, la salvación que en Él se nos da. Pongo un caso real: Se me acerca una madre con sus tres hijos en un lugar de oración, de adoración y encuentro con Dios, a muchos metros de altura: los tres hijos liberados de la droga. Me dijeron lo que les había pasado, el encuentro con Jesucristo los había curado; y me dijeron: «Dígaselo a todos: El, Cristo nos ha curado; hemos ido a muchos lugares, pero sólo Él, aquí, nos ha curado, nos ha salido a nuestro paso, y ya nos ve, sanados».
Se puede imaginar lo que a uno se le pasa por la cabeza cuando oye una historia así contada por la persona que la ha vivido. Aún me estremezco y conmuevo al recordarla, y que expresa de forma muy expresiva y significativa lo que sucede cuando uno se encuentra de verdad con Cristo vivo. Ciertamente se trata de una historia dramática, pero que menos dramáticamente, de una manera u otra, puede ser vivida por cualquiera. Contra aquello no caben argumentos. Los hechos son los hechos, son tozudos. La verdad está ahí. ¡Qué alegría y qué agradecimiento tan grandes! ¡Qué felicidad y qué esperanza rezumaban aquellos jóvenes con su madre! Qué dicha tan imposible de arrebatar y qué ganas de vivir!, la de aquellos jóvenes y la de aquella madre cargada de sufrimientos. Como muchos de hoy, jóvenes y no tan jóvenes, habían probado todo o casi todo lo que ofrece esta sociedad nuestra para ser felices, para vivir: sucedáneos, que en modo alguno pueden llenar ni colmar la esperanza, sólo sirven para eso: pasarlo bien y disfrutar; pero se pasa; y el goce siempre resulta efímero, y no hace ser feliz, vivir en la alegría y en el gozo de la vida, ni en la luz de la esperanza. ¿Dónde podemos encontrar una humanidad verdadera, dónde podremos encontrar aquello que llena de verdad la vida?, nos preguntan tantos hoy.
Los cristianos no podemos y no deberíamos ofrecer otra respuesta que la que daban, como testimonio, aquella madre y aquellos hijos: ¡en Jesucristo! el Hijo de Dios vivo, Amor encarnado, hecho Compañero y Hermano nuestro en la vida de la Iglesia, donde uno puede encontrar el amor que sostiene la vida, donde uno puede encontrar la verdad de cuál es nuestra vocación, de quiénes somos; donde uno puede encontrar la respuesta a la pregunta «¿quién soy yo, para qué se me ha dado la vida?»; donde se puede ver y palpar la verdad de aquellas palabras de Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna?».
sábado, 15 de mayo de 2010
¿Cómo interpretar el Tercer Secreto de Fátima?
viernes, 14 de mayo de 2010
Una belleza que es Para Siempre
lunes 10 de mayo de 2010
Esta historia no necesita presentación. Disfrútenla que la vida es para eso, para ser feliz y para descubrir que la maternidad es una belleza que es para siempre.
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Mi nombre es Alejandra Uriarte, tengo 22 años soy de Bogotá Colombia y esto es un poco de mi experiencia que quiero compartir con ustedes.
Mi vida nunca fue fácil o por lo menos nunca me la hice fácil, termine el bachillerato en un instituto de validación después de pasar por muy buenos colegios de los cuales la mayoría fui expulsada el estudio nunca era una prioridad para mi, lo que si eran prioridad eran mis amigos, las fiestas, estar en la calle, hasta fumar era mas importante para mi, me encantaba mi vida no me podía quejar era lo que yo había buscado, entré a la universidad en el 2007 a estudiar ecología una carrera que me apasionaba, los primeros 2 semestres me fue muy bien, ya en 3 semestre comencé a emperezarme a cuestionar si era eso en realidad lo que me gustaba o no, pasé a 4 semestre y ahí fue donde mi vida cambió, ya no interesaba estudiar solo quería k fuera viernes para salir me dediqué a conocer gente a salir a estar en la calle todo el tiempo algunos días iba a la universidad pero no ponía ni atención a clases, ni nada, a finales del año conocí a alguien que para ese entonces me parecía el hombre más cool del momento, con el salía, rumbeaba, conocía gente, me quedaba en la casa de él a dormir, ya que vivía solo que mas podía pedir yo en mi ignorante mundo.
A finales de octubre decido dejar la universidad, con eso ya tenía tiempo libre para hacer nada, dormir hasta tarde, etc.
En febrero del 2009 entro a trabajar a una cadena de comida rápida porque me empecé a aburrir de estar en casa todo el día sin plata para salir ni nada, así que empecé a trabajar, mi relación con mi "novio" iba mal ya que mi tiempo era reducido para estar con él.
Me di cuenta de que lo único que me hacía falta era vivir sola, tener mi independencia en mi juego mental era el paso que me hacía falta para que mi vida fuera perfecta sin horarios, sin papas diciendo que hacer, eso era vida creía yo.
El día que me paso a mi apartamento ese día donde mi felicidad completa iba a comenzar me doy cuenta que estoy embarazada.
Que, pensé yo embarazada yo no nunca, yo con un bebe no, ni loca, Ósea yo, eso solo pasa en las novelas, fue un golpe duro para mi, pues mi vida era perfecta para una post adolescente iba a quedar en el olvido por ser mama,
Con resignación y buscando una solución a esto. Me veo con mi " novio". Le cuento lo que está pasando y él me dice- que él no está para criar peladitos y que sí ni es capaz de cuidarse el cómo va a cuidar a alguien más, me dice que hay 3 opciones y que yo al fin de cuentas soy la que decido, me dice que una de ellas es tenerlo y pues que el ayuda con algo de plata pero que igual él no lo vá a conocer ni nada, que solamente me consignara plata y ya. La otra la adopción a la cual me dice – lógico que tu no haras eso no- y después me dice y lo más sensato es el aborto, en mi cabeza pensé SENSATO para quien, para él? Para mí? Sensato? Matar a alguien es algo sensato? Como voy a sacar la basura por qué es lo más sensato?.
No dije nada y llorando me fui diciéndole que le daría una respuesta en esa semana, con el alma hecha un nudo; pensé que el tal vez me apoyaría pensé que tal vez con el apoyo de él iba a ser más fácil pero me di cuenta de que el no iba a estar ahí al lado mío y que la decisión final iba a ser solo mía y para mí. En mi vida NUNCA me imaginé ser madre y mucho menos ser madre cabeza de familia; eso eran dos cosas que en mi raciocinio no cabía. Cuando a mi me preguntaban y si llegaras a quedar embaraza que haría mi respuesta siempre fue- a pues lógico aborto- eso yo lo tenía claro el aborto era la mejor opción. Pero cuando uno está viviendo eso que jamás pensó que fuera a pasar. Ya el aborto no se ve tan claro como antes, yo no es esa salida lógica que siempre me había planteado.
Toda la semana estuve pensando en lo más sensato, pensado que quien era yo para hacer algo así, pensado que tal vez yo podía morir en el intento pero también pensaba bueno no tengo trabajo ya que había renunciado por los turnos largos el estar de pie 8 o 10 horas y además el olor característico del lugar me provocaba las conocidas náuseas y yo pensaba sin trabajo ni eps ni nada como voy a hacer. Además, no lo niego, siempre fue orgullosa de mi cuerpo, y no me imaginaba yo con barriga después de tener un abdomen increíble de tener una cintura de 60 cm de adorar mi cuerpo: había muchas cosas de por medio que me hacían no saber qué hacer. Siempre fui una mujer que me mostré fuerte que me mostré valiente que mostré que casi ni sentimientos tenia, pero matar a alguien y no solo a alguien a mi hijo eso ya era algo que ya no cabía en mi.
A las 2 semanas lo llamo y le digo que no voy a abortar, el me dice "Ale veámonos y hablamos claramente". Me vi con él y me dice- mira si abortas podemos seguir como éramos antes aparte; me dice que tiene que viajar a Miami por problemas de seguridad y que por ello el no volverá a Colombia en mucho tiempo pues toda su familia se ira del país. Después de darme esta devastadora notica, me dice entonces aborta y nos vamos los dos a Miami te imaginas sol, playa, mar, rumbas y no te preocupes por plata que, yo cubro todo los gastos allá
Yo solo pensaba que descaro está poniendo precio a si hijo está comprando la muerte de él.
Le dije que no, que yo no iba a ser eso y indignada por tal propuesta me fui decidida a tener a mi hijo.
Yo no iba a ser una de las muchas mujeres que piensa que esa es la solución sensata a esto, no ya lo hecho hecho esta y ese bebé no tiene la culpa de las malas decisiones de sus padres, si me iba a tocar sola, pues sola lo haría: no era la primera ni la última mujer en el mundo con un hijo sola, y demás yo sabía que la vida misma me ayudaría a salir adelante.
Después de casi un mes me llama este hombre el papá de mi hijo y me dice: mira lo pensé muy bien y tú estás loca ese hijo mínimo no es mío y me lo quieres meter, pero no soy bobo y como contigo no se puede hablar de ahora en adelante todo lo que tengas que hablar conmigo lo harás con mi abogada y cuando nazca se le hará la prueba de ADN y si es mío yo te daré plata y nada más.
Bueno ahora está más claro que ya me tocaría a mí sola todo mi embarazo. Para ese entonces mi familia no tenía la menor idea de que me sucedía yo tenía ya unos 4 meses y solo muy poca gente allegada a mi lo sabía, yo sin plata, sin que comer a medias comía lo que un compañero de apartamento me daba. Preocupada por la salud de mi hijo de 4 meses de gestación y no me había visto un doctor.
Un día fue mi hermano a saludarme y yo entre ya tanto desespero por no saber qué hacer, necesitaba escuchar una voz familiar que me guiara un poco o al menos que me apoyara, y le conté lo que me pasaba, el dijo que le contaría a mi mama esa noche y que me llamaría para ver ella que había dicho.
El me llama a eso de las 10 de la noche y me dice mi mamá no quiere saber nada de usted, ella no va a hacerse cargo de nada que esa es su responsabilidad, eso me devastó me rompió el corazón en mil pedazos; yo pensaba, ¿y ahora que será de mi que haré ? días antes había averiguado que hay fundaciones de apoyo a madres de escasos recursos, y ya había pensado que si no me apoyaba mi familia me internaría en una fundación de estas.
El siguiente día me llama mi mamá y yo con ese dolor en mi alma hable con ella y ella me dice que habláramos.
Después de ello, volví a mi casa con el apoyo de mi familia, entre a trabajar a una peluquería de la familia donde trabajaba 2 días de ayudante y con eso me pagaba la EPS y otras gastos míos.
Hoy en día Samuel mi hijo, ese bebé tiene 4 meses. Es el bebe más hermoso que he visto, es la alegría de mi vida, el solo hecho de pensar en él hace que mi corazón salte, al verlo veo la perfección de DIOS reflejada en él; hoy en día no me imagino mi vida sin él, y menos me imagino el no haberlo conocido por el egoísmo de creer que toda la vida iba a ser joven y que la belleza la tendría para siempre.
Ahora nunca estaré sola y tendré a ese ser único que me ama sin condiciones.
Publicado por Saulo Medina en 3:16:00 PM
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